Un grupo de científicos argentinos descubrió que una especie del animal pepino de mar que se suele comer en el sushi, el Psolus patagonicus, tiene un compuesto anticancerígeno. Se trata de la molécula TG, que puede detener el desarrollo de células cancerosas humanas de tumores de pulmón, hígado y mama.
Pero a este descubrimiento aún le queda un largo trecho por recorrer antes de ser incorporado a la medicina ya que, si bien la TG obstruye las células que son tumorales, un estudio anterior de la líder del equipo, la doctora Marta Maier, había demostrado que la misma daña a las que no lo son.
A pesar de esto, los investigadores aún mantienen la esperanza de que en un futuro se pueda utiliza este compuesto como un terapéuticamente como un antitumoral ya que, según una de las integrantes del equipo, la doctora Laura Alché, la TG inhibe la proliferación del tumor “en una concentración mucho menor que la que produce citotoxicidad” (
La Nación).
El estudio, financiado por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, el Conicet y la Universidad de Buenos Aires, reveló que cuando el pepino de mar se siente amenazado, evacúa una parte de sus viseras para distraer al pez atacante, y luego expele los TG para dañarlo.
Científicamente denominados como holoturios, son llamados pepinos de mar por su forma alargada, pero no son muy conocidos popularmente. Sin embargo, existen 1200 especies de ellos y son muy importantes en los ecosistemas marítimos: son la base de una cadena alimentaria que, sin ella, se vería afectada la biodiversidad en el planeta.
Esto es porque se alimentan de los sedimentos oceánicos y, a la vez, las enriquecen con sus de deposiciones: ingieren los sedimentos, los procesan, destruyen su estratificación, la modifican física y químicamente y vuelve a expulsar los sedimentos. Así también inhiben el crecimiento de larvas sobre ellos (
Ciencia Hoy).
El camino para que este animalito pueda ayudar terapéuticamente a los seres humanos todavía es largo: el equipo de científicos actualmente sigue estudiándolo minuciosamente y aún debe realizar incontables pruebas antes de pasar a ensayos clínicos.
Vía
La Nación.