Reservas naturales de Latinoamérica #5: Parques Teniente Agripino Enciso y Médanos del Chaco
Médanos del Chaco en Paraguay.
Los Parques Nacionales Teniente Agripino Enciso y Medanos del Chaco protegen más de 640.000 hectáreas de ecosistemas naturales en la región árida del Chaco y son considerados de importancia para su conservación a nivel nacional y mundial por resguardar recursos naturales valiosos en la zona norte de Paraguay. Nuevamente te introduciremos, esta vez, en una doble tentación.
Parque Nacional Teniente Agripino Enciso
Las 40 mil hectáreas que alberga a una de las más bellas áreas naturales que tiene el Chaco corresponden al Parque Nacional Teniente Agripino Enciso, situado a unos 720 kilómetros de Asunción en el departamento de Boquerón Chaco y a unos 25 kilómetros al término del asfalto de la Ruta Transchaco a la altura de La Patria, en una zona donde aparece de manera estupenda la riqueza de la flora y de la fauna del Chaco Seco. Debido al déficit hídrico, presenta una vegetación xerófila caracterizada por el bosque denso, espinoso e impenetrable dominado por quebrachales de quebracho blanco y samuhú. En cuanto a la fauna se destacan una gran variedad de especies, algunas de ellas en peligro de extinción. El área posee Picadas y Trincheras que datan de la Guerra del Chaco (1930-1935). El Parque cuenta con un plantel de capacitados guardaparques, quienes, además de realizar tareas de patrullaje y vigilancia del área protegida, están siempre listos para acompañar al visitante por los distintos senderos explicativos que permiten adentrarse en los sitios históricos registrados durante la guerra del chaco. Se puede, además, aprender sobre la importancia de la preservación de la vegetación e inclusive avistar la fauna.
Mapa que demuestra los parques nacionales de Paraguay. La región "B" corresponde al Teniente Agripino Enciso y la sección "18" al Parque Médanos del Chaco. Crédito: Clarin.
Médanos del Chaco
Por otra parte, a pasos del Parque teniente Enciso se encuentra el Parque Nacional Médanos del Chaco, ubicado a 760 kilómetros de Asunción. En este parque nacional se pueden apreciar las dunas, la vegetación, la naturaleza del terreno, los vestigios de la guerra del chaco y a la comunidad guaraní ñandeva Siracua. Además, protege la reserva de agua dulce del acuífero Yrenda. Tiene una superficie de 600000 hectáreas y está compuesto por un ecosistema único de dunas que en algunos casos llegan a 20 metros de altura (formación natural de arenas). El sitio se encuentra a 400 metros sobre el nivel del mar y es semiárido, de clima seco pero benigno, en su vegetación predominan los cactus y arbustos. En el aspecto histórico, el parque alberga a importantes sitios donde se desarrollaron diversos combates durante la guerra del Chaco y es también paso del antiguo camino de las migraciones guaraníes. Médanos del Chaco es hábitat de los mayores animales del Paraguay, como el jaguareté, el puma, el tagua y el tatú carreta.Al visitar estos parques, te encontrarás con una experiencia única, porque te permite conocer aspectos paisajísticos y culturales de un Paraguay muy poco divulgado. Lugar especial para los amantes de la naturaleza quienes durante su estadía podrán apreciar y observar animales silvestres. Las áreas están restauradas y equipadas, listas para alojar con confort a más de 30 visitantes. Fueron construidos albergues, un amplio quincho y un Centro de Interpretación con auditorio, donde el ecoturista podrá conocer las características de la fauna, la flora y particularidades del lugar. Seguramente tendrás para entretenerte, en un ambiente muy cálido no solo referente al clima, sino también a la gente que te estará esperando. ¡Nos vemos la próxima semana!
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Imagen: Cortesía Diseño Sustentable.
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Foto: Pablo Lewin. Modelo de manos: Edgardo Caramella.
Esta es la cuarta entrega de la columna Calidad de vida en práctica, por la profesora Yael Bacersat. En esta edición, Yael reflexiona sobre el aislamiento y el compartir.
Muchas veces nos preguntamos si la única forma de evolucionar es aislándose del entorno y renunciando a las dispersiones que se refugian detrás de cada ocupación cotidiana. En nuestro imaginario está muy presente la figura del ermitaño que durante largo tiempo se recluye, para vivir cierto tipo de experiencias que le permitirán comprender la existencia de una forma más abarcativa.
En algunos casos, el asceta vuelve al mundo para compartir ese conocimiento con los demás. No obstante, desde Jesús hasta el Zaratustra de Nietszche, la historia y la filosofía nos devuelven a la misma triste conclusión: el conocimiento que brotó en el aislamiento difícilmente podrá ser compartido.
Tuvimos la oportunidad de escuchar esta parábola algunas veces de boca del escritor DeRose, sistematizador del método que estudiamos y enseñamos.
Había una vez dos hermanos, de los cuales uno hizo votos de castidad y se refugió en los Himalayas a practicar el ascetismo. En esas cumbres alcanzó la iluminación. Mientras tanto, el otro se casó, trabajaba en una zapatería, lidiaba con dinero.
El primero decidió “salvar” a su hermano inmerso en los placeres mundanos, para lo cual juntó una cantidad de hielo y bajó de la montaña. El hielo en sus manos no se derretía. Al entrar en la zapatería de su hermano, le dijo: "Tengo un mensaje para ti"; a lo cual el otro respondió: "Aguarda sólo un instante que termino de atender a una clienta".
El primero se dispuso a esperar que el zapatero ayudara a la mujer a que su pie pequeño y bien formado entrara en el fino calzado, y, cuando terminó la tarea, el comerciante se dirigió a su hermano asceta y le dijo: "Ahora sí, ¿qué es lo que tienes para mostrarme?".
Pero el ermitaño ya no tenía nada, pues el hielo, que había resistido todo el camino de descenso de la montaña, se había derretido en un instante ante la visión perturbadora de la pierna femenina. El asceta aún no se reponía de su sorpresa, cuando el zapatero tomó una brasa, la metió dentro de su camisa y anunció: "Ven hermano, ahora yo tengo algo que contarte".
El que vive en contacto con las tentaciones mundanas, sin renunciar a ellas, con la voluntad firme de aprender, logra utilizarlas como palanca para evolucionar. La libertad de elegir conlleva el desafío de asumir a cada segundo la responsabilidad de nuestras decisiones, mientras los que pregonan el aislamiento corren el riesgo de ser las principales víctimas de sus represiones.
Por último, cuando uno comparte el conocimiento con el entorno, éste va creciendo y afirmándose, como una llama que pasa de una vela a otra y a otra. Si esa energía no fluye, termina por apagarse.
"En cuestiones de cultura y de saber, sólo se pierde lo que se guarda; sólo se gana lo que se da", Antonio Machado.


