Cine verde de ayer y hoy: Los espigadores y la espigadora
En esta edición de Cine verde de ayer y hoy, Vanessa reseña el film Los espigadores y la espigadora, de Agnes Varda, estrenada en el año 2000. Para ver las anteriores ediciones de esta columna, click aquí.
Estamos en un mundo al que no le gusta la imperfección. Las mujeres y los hombres deben ser perfectos, tener hijos maravillosos, que a su vez serán estudiantes admirables, vivir en casas perfectas y tener montones de cosas preciosas. Compramos nuestra comida perfecta en centros comerciales impolutos en los que podemos encontrar frutas y verduras de cualquier parte del mundo. Bandejas de tomates parejos, peras del mismo tamaño, botellas de agua que vienen de los glaciares de Groenlandia; todo ordenado y perfecto e igualito.
La cirugía estética también ha llegado a las verduras. Y con ella, cualquier alimento que no está dentro de los parámetros marcados por las fábricas y distribuidores, se queda fuera del mercado, pudriéndose en los campos de cultivo. En un mundo en el que más de la mitad de la población se muere de hambre, esto tendría que ser inadmisible.
Eso pensó Agnés Varda cuando rodó Los espigadores y la espigadora.
La cinta puede verse como una road movie, en la que la directora y narradora intenta comprender el despilfarro de la sociedad en que vive. A través de una patata imperfecta que ha quedado sin recoger en el campo, nos cuenta como hay gente que ha decidido vivir de las “sobras” que la sociedad deja atrás: los espigadores.
No nos habla sólo del consumo sin medida, sino del desperdicio consumista.
Agnes recorre los campos de cultivo y los mercados en los que los espigadores, algunos por necesidad, otros por voluntad propia, recogen las “sobras” dejadas. Las frutas tiradas en el mercado por no recogerlas y cargarlas de nuevo, las patatas que son demasiado grandes o pequeñas para las cintas trasportadoras de las fábricas, cosas inútiles que la gente ya no quiere y que pasarán a decorar las casas de los espigadores (o de la espigadora, la propia Varda que se lleva un reloj sin agujas a su casa).
La mirada a todos ellos es curiosa y a la vez cómplice, nunca piadosa, ya que no hay nada de qué avergonzarse. La reflexión de la propia directora marca un tono poético y lírico alejado de panfletos. La cinta nos sugiere, nos pasea, nos hace preguntas y nos deja dudas, tantas como tiene la directora que se desnuda en la película hablando de su vejez, mostrando su casa. Casi podríamos decir que acompañamos a Agnes no sólo a conocer a los espigadores, sino a conocerse a ella misma.
Es una película de gran sensibilidad, un documental que bien podría no serlo, ya que cada una de las historias y los personajes parecen creados para ella. Uno de estos protagonistas anónimos presume de haber estado diez años alimentándose de la basura sin haber estado enfermo, ¡y es tan creíble y cercano!.
En una sociedad en la que la perfección, hasta de las verduras, se ha convertido casi en religión, es maravilloso tener la posibilidad de ver el mundo de otra manera: no hace falta que corramos a los contenedores de basura, no es esa la opción que da Agnes Varda. Es la opción de la reflexión y la curiosidad.
Casi todos nos acordamos de los mercados de los barrios donde llevabas la botella para comprar el aceite o el vino de cocina, la bolsa de la compra era de tela o cáñamo, y mamá te dejaba llevarla hasta los puestos y los tomates te los vendía el frutero (que además sabía como te llamabas) y no estaban alineados en formación militar en una bandeja de PVC...
Las conclusiones debemos sacarlas nosotros mismos. Agnes nos proporciona en este film un buen paseo por la campiña francesa para pensarlas.
Abajo, un segmento del principio de la película (subtitulada al español):
Más sobre el film: Les glaneurs et la glaneuse (en español) Más películas relacionadas al medio ambiente: Los últimos días del edén Las aventuras de Jeremiah Johnson Erin Brockovich




Pues si amiga. Las patatas nos las despachan en pequeños batallones todas iguales, no vaya a ser que una no quepa en la mano del cocinero que tan hábilmente las pela.
Tengo la suerte de vivir junto a un mercado en el cual puedes comprar aún patatas imperfectas con tierra y todo y en el que regalan aún el perejil.
Tengo una pregunta para las personas que compran en grandes superficies: cuáles son las patatas que dejan para ensaladilla si todas son iguales?
Decirte que no he visto la película todavía, pero cuando tenga oportunidad lo haré porque simpatizo con el mundo de la patata
Un saludo.
Marga