Calidad de vida en práctica: Respuestas sin preguntas
Imagen: Tramman.
Este artículo es una nueva entrega de la columna Calidad de vida en práctica de Yael Barcesat. Para ver ediciones anteriores, click aquí.El hábito de preguntar es propio del alumno occidental. En el contexto de la tradición oriental, las preguntas se utilizan provechosamente, pero provienen siempre del maestro, del docente o del instructor y van encaminadas hacia el que está en un grado inferior en la escala de conocimiento y experiencia. Este sistema se basa en la comprobación de que no basta la asimilación pasiva del conocimiento por parte del que aprende (ya sea alumno o instructor, siempre deberá mantener la actitud de discípulo ante su propio instructor y más aún ante su Maestro). Este conocimiento debe ser llamado a la superficie, hecho consciente, por medio del ejercicio sistemático de la pregunta del instructor. ¿Cuántas veces hemos escuchado las mismas enseñanzas por parte de nuestros profesores en el colegio o en la universidad, y a la hora de responder una pregunta relacionada descubrimos con asombro que las palabras se rehúsan a acudir en nuestro auxilio, y quedamos simplemente mudos? Sin embargo, la pregunta en boca del alumno está siempre a la orden del día, y con frecuencia su respuesta no perdura en su memoria, ya que la maquinaria mental se aplicó a la formulación de la pregunta y no a la deducción y asimilación de la respuesta. A lo largo de años de aprendizaje, el alumno muchas veces se ve en la situación de carecer de respuesta ante determinadas preguntas de sus preceptores. En esos momentos es cuando puede salir a la luz un conocimiento empírico, nacido de su experiencia personal, que si no es podado por los paradigmas intelectuales o por la propia inseguridad, aflora como una respuesta que queda registrada en la memoria consciente de manera indeleble. La interrogación busca el sosiego de una respuesta absoluta. Sin embargo, cuando se trata de la transmisión de filosofías teóricas o prácticas, la respuesta puede simplemente perder su sentido apenas se la formule con palabras. El maestro se enfrenta a la posibilidad de mostrar a su alumno un tesoro deslumbrante, que resultará apenas una moneda oxidada si no es cuidadosamente entregado. La pregunta nace de un pedido, de una carencia. Muchas veces es únicamente un reclamo de atención. Si se quiere aprender, en cambio, es necesaria una actitud de generosidad y disposición para compartir, aunque sea poco lo que se tiene en términos de conocimiento. Ese impulso de dar (dar atención, dar disposición para el aprendizaje) genera un clima propicio para la enseñanza de cualquier filosofía, arte o técnica. El Método DeRose se transmite de la forma oriental y arcaica, en la cual se valoriza la asimilación del conocimiento (palabra que tiene la misma raíz que conciencia) por sobre la adquisición de información.
Como siempre, te invitamos a contarnos qué te pareció esta entrega y a hacernos llegar sugerencias y comentarios abajo. ¡Hasta el próximo miércoles!
Para saber más sobre el Método DeRose: MetodoDeRose.com.ar Otras ediciones de Calidad de vida en práctica: Paradigmas La respiración La naturaleza de la fuerza
Fotos: Cortesía de Gruba.
Dirigido por María Constanza Núñez y Gabriel Pires Mateus, Gruba es un reconocido estudio de Argentina que se abrió al mercado en 2008 en la feria Puro Diseño con una línea de bolsos de cuero reconstituido que se convirtieron en un clásico de las muestras de diseño sustentable en el país. También se destacó a fines del año pasado al realizar un espacio sustentable en la muestra de diseño Casa Foa, con el que ganaron un premio dentro de ese evento.
Ahora, la firma se ha volcado al diseño de mobiliario y ha desarrollado una línea de atractivas piezas con materiales reciclados. Arriba se puede ver la primera de ellas: una silla cuya estructura fue realizada con madera reconstituida y que fue recubierta con persianas de madera recuperadas. Además de tener crédito verde por sus materiales, al final de su vida útil la silla es fácil de desarmar y sus materiales pueden ser reciclados nuevamente.
Mirá la mesa con parqué y los bancos con materiales de construcción en el resto del post.
La mesa que se muestra en la segunda foto de la galería de abajo (click para verla más grande) está realizada con madera de piso (usualmente conocido como parqué) recuperada. Para lograr un look uniforme, las maderas son recortadas a la misma medida y ensambladas en un sistema que permite cambiar las funciones del objeto. En su posición original, además, puede tener diferentes funciones como revistero o banco, por ejemplo.
Los bancos de la tercera foto están realizados con materiales de descarte de construcciones, principalmente maderas reconstituidas y hierro, y al final de su vida útil pueden ser fácilmente desarmados y reciclados. Según comentan los diseñadores en la memoria descriptiva de estos objetos, la idea fue exponer la superficie de las maderas recicladas, que usualmente son escondidas.
Abajo, la galería de fotos con los diseños y sus responsables (click para verlas más grandes).
[gallery link="file" columns="4"]
Para saber más sobre estos muebles o si te interesa adquirir alguno, comunicate con Gruba a través de su sitio web.
Links:
La presidenta de Chile Michele Bachelet celebra la ley. Foto: Presidencia de Chile.
Una nueva normativa promulgada hace pocos días por la presidenta Michelle Bachelet y que va a regir hasta el 31 de diciembre de 2013, promueve la instalación de sistemas solares térmicos con el fin de construir viviendas más eficientes desde el punto de vista energético en Chile.
La iniciativa del gobierno se enmarca dentro de la ley 20.365 de Franquicias Tributarias, y establece que las empresas constructoras tendrán derecho a deducir de su Impuesto a la Renta un crédito equivalente a todo o parte del valor de los sistemas solares térmicos que instalen en las casas o edificios que construyan.
Imagen:
Foto:
En esta edición de Cine verde de ayer y hoy, Vanessa reseña el film
La cinta puede verse como una road movie, en la que la directora y narradora intenta comprender el despilfarro de la sociedad en que vive. A través de una patata imperfecta que ha quedado sin recoger en el campo, nos cuenta como hay gente que ha decidido vivir de las “sobras” que la sociedad deja atrás: los espigadores.
No nos habla sólo del consumo sin medida, sino del desperdicio consumista.
Agnes recorre los campos de cultivo y los mercados en los que los espigadores, algunos por necesidad, otros por voluntad propia, recogen las “sobras” dejadas. Las frutas tiradas en el mercado por no recogerlas y cargarlas de nuevo, las patatas que son demasiado grandes o pequeñas para las cintas trasportadoras de las fábricas, cosas inútiles que la gente ya no quiere y que pasarán a decorar las casas de los espigadores (o de la espigadora, la propia Varda que se lleva un reloj sin agujas a su casa).
La mirada a todos ellos es curiosa y a la vez cómplice, nunca piadosa, ya que no hay nada de qué avergonzarse. La reflexión de la propia directora marca un tono poético y lírico alejado de panfletos. La cinta nos sugiere, nos pasea, nos hace preguntas y nos deja dudas, tantas como tiene la directora que se desnuda en la película hablando de su vejez, mostrando su casa. Casi podríamos decir que acompañamos a Agnes no sólo a conocer a los espigadores, sino a conocerse a ella misma.
Es una película de gran sensibilidad, un documental que bien podría no serlo, ya que cada una de las historias y los personajes parecen creados para ella. Uno de estos protagonistas anónimos presume de haber estado diez años alimentándose de la basura sin haber estado enfermo, ¡y es tan creíble y cercano!.
En una sociedad en la que la perfección, hasta de las verduras, se ha convertido casi en religión, es maravilloso tener la posibilidad de ver el mundo de otra manera: no hace falta que corramos a los contenedores de basura, no es esa la opción que da Agnes Varda. Es la opción de la reflexión y la curiosidad.
Casi todos nos acordamos de los mercados de los barrios donde llevabas la botella para comprar el aceite o el vino de cocina, la bolsa de la compra era de tela o cáñamo, y mamá te dejaba llevarla hasta los puestos y los tomates te los vendía el frutero (que además sabía como te llamabas) y no estaban alineados en formación militar en una bandeja de PVC...
Las conclusiones debemos sacarlas nosotros mismos. Agnes nos proporciona en este film un buen paseo por la campiña francesa para pensarlas.


