Cine verde de ayer y hoy: Memorias de Africa

Escena de la película Memorias de Africa Memorias de Africa es más una historia de amor (real en este caso) que una historia sobre la naturaleza. Pero Sydney Pollack puso en boca de Dennis (Robert Redford) y de Karen (Meryl Streep) la preocupación de dos personas que van viendo como el continente africano se va desvaneciendo por la llegada de la civilización y las guerras. En la vida real Karen Blixen y Dennis Fintz Hatton tuvieron una relación mucho menos pasional e idílica, y no podemos olvidarnos que él era un cazador a sueldo de las familias ricas que iban a Africa y cazaban todo tipo de animales, aunque también se involucró en preservar la tierra y los modos de vida de los nativos. Pero si dejamos de lado la historia seria (es menos intensa y, para qué negarlo, un poco menos interesante) Sydney Pollack y la pareja de actores nos han dejado varias escenas inolvidables, una sabana africana amarilla y cálida, noches estrelladas, y ganas de salir de safari (eso sí: como van ellos, con copas de cristal, camas plegables, buen vino y Robert Redford). La historia comienza cuando Karen Blixen, una mujer acomodada de la alta sociedad danesa, cansada de ser considerada una solterona, se casa con un amigo, hermano de su amante y barón. Este se la lleva a vivir a Africa, dónde él va a cultivar café. Bueno, ella va a cultivarlo, él se va a dedicar a cazar, pero eso ella no lo sabe cuando coge el tren desde Dinamarca a Nairobi. A la mañana siguiente de casarse, Vror (Klaus Maria Bandauer) desaparece; de caza, hasta que lleguen las lluvias. Y ella se queda sola. Con un capataz que no entiende cómo van a cultivar café allí (¿cuándo entenderemos que no se puede cultivar cualquier cosa en cualquier sitio?) y con unos nativos que no comprenden que haga un dique para parar el río y regar el cafetal. El matrimonio con el barón es un desastre (él es, y era realmente, un mujeriego) así que se queda sola en la hacienda, donde trabaja junto a las mujeres kikuyu. Hasta que Denis, un amigo de un amigo, aventurero, cazador, pero respetuoso con las tribus (es el único que tiene un guerrero como amigo), le pide que le acompañe a buscar un buen recorrido para un safari. Allí le enseña Africa: sus colores, la manera de vivir, cómo piensan las tribus y el cielo africano. Y comienza una relación. Póster de Memorias de Africa
El le cuenta lo que le está pasando a Africa. Se está construyendo la vía de tren, que romperá en dos las tierras caza de las tribus, los animales se marcharán y los nativos tendrán que irse. Ellos siguen con su vida. Una noche están sentados en una playa y ella, de una manera más o menos torpe, le está pidiendo que se case con ella. -Hay animales que se emparejan toda la vida. -Sí... los gansos. Y a partir de hay, todo se va pudriendo. Una noche, una lluvia torrencial rompe el dique. Los hombres y ella intentan arreglarlo y de pronto ella para, los mira y dice: "Vámonos, estas aguas viven en Mombasa". Todos la miran. "Vámonos". En una frase todo: entender que eres tú la que está yendo a contracorriente. Otra noche la hacienda se quema, y con ella la casa, sus cosas. Entre medio, una pelea para conseguir que los nativos se queden con las tierras. Y el adiós. Hay en la película una crítica siempre presente a cómo las naciones occidentales trataron el continente africano como moneda de cambio en los conflictos internacionales. Y el retrato de la sociedad occidental siempre en fiestas, en agasajos donde la frivolidad está presente. En cambio, los paisajes, Denis y la vida de Karen están retratados desde la soledad querida, la conexión con el paisaje y el respeto hacia los nativos. En resumen, un buen paseo por la sábana africana. Más sobre Memorias de Africa: IMDB Memorias de Africa (Novela)

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