Calidad de vida en práctica: Limpieza profunda

Imagen: Yogamatoshinos.
No prestamos especial atención a la materia que nos constituye, a su origen y a su naturaleza. De lo contrario, nuestros hábitos serían diferentes.
Obtenemos los elementos que integran nuestro organismo físico de los alimentos. Al ingerir, estamos proporcionando materia prima a la maquinaria interna que arma y encastra los ladrillos de la construcción, el cuerpo. Así como hay distintas calidades de ladrillos dependiendo del material que los compone, nuestras células podrán cumplir mejor o peor sus funciones de acuerdo con los ingredientes que empleemos en su fabricación.
Es posible elevar notablemente la calidad de los alimentos que se consumen simplemente aplicando el sentido común: verificando su procedencia, limpiando esmeradamente todo aquello que se ingerirá, cuidando de la cocción para evitar empobrecer el alimento e intentando comer más crudos, que tienen más energía.
Por otro lado están los cuidados posteriores, la limpieza de la fábrica donde se edifica el cuerpo humano, que es el propio cuerpo. Las costumbres actuales son mucho más pulcras en cuanto a higiene corporal si se compara con unos pocos siglos atrás: el cepillado de dientes y el baño frecuente son conquistas relativamente recientes que las sociedades fueron incorporando. No obstante, se deja de lado una cantidad de posibilidades de limpieza corporal, que alcanzan los órganos profundos y promueven una regeneración de la flora interna y una purificación efectiva de las mucosas.
Existen métodos estudiados y transmitidos desde la antigüedad para lograr ese grado de purificación, que termina funcionando como un escudo refractario a los gérmenes de enfermedad que intentan prosperar en el organismo. Si el medio es saludable, es más difícil que la enfermedad se instale.
Las técnicas de limpieza orgánica a las que hacemos referencia integran el acervo de prácticas del Método DeRose. Sin embargo, vale la pena aclarar que no fueron creadas en la actualidad, sino rescatadas después de milenios de tradición oral, algunas tras haber sido prácticamente olvidadas.
Si se toma conciencia de ambos aspectos, lo que introducimos en nuestro cuerpo y cómo lo higienizamos después, el efecto de esta limpieza orgánica trasvasa el plano físico y se percibe en todas las áreas. La sensación es como si se retirara un velo, a través del cual las impresiones llegan aletargadas, y empezamos a percibir con un nivel muy superior de nitidez todo lo que nos rodea.
Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo.
Más sobre el método DeRose:
MetodoDeRose.com.ar
Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica:
Acciones para cuidar el entorno
Calidad de vida en práctica: Conciencia del entorno II
La sublimación



Lei es post y me encantó!!! … y me dio ganas de leer todos los anteriores, y me parecieron muy buenos, muy interesantes!
Saludos
Sin duda, los hàbitos saludables en la alimentaciòn inciden profundamente en nosotros, pero muchas veces sòlo se ocupan de cuidar lo que comemos cuando hay problemas de salud.
Tambièn es notable los cambios que se perciben mediante las tècnicas de purificaciòn internas.
Muchas gracias por este nuevo aporte.
Yael, me encanta tu columna , la leo todos los miercoles, sin falta!!! Gracias!!!
Muy buena la nota, gracias
Definitivamente cierto. No basta con pretender estar limpios por fuera. Descuidar nuestro interior puede resultar fatal.
Desafortunadamente la medicina occidental ha hecho énfasis en la curación en lugar de la prevensión. Si fuéramos más concientes del poder de una buena alimentación para mantenernos sanos, podríamos disfrutar de más calidad de vida.
Alimentarnos bien, limpiarnos por dentro y adquirir con ello fortaleza vital reducirá drasticamente el riesgo de enfermarnos.
Atentamente
Moritz Langgasse
Muy bueno ! gracias Yael !