Cancún, sede de la COP16. Foto: 4.bp.blogspot.com
Como todos sabemos, la cumbre del clima desarrollada el año pasado en Copenhague (COP15) fue preparada con entusiasmo y optimismo respecto a encontrar soluciones conjuntas en la lucha contra el calentamiento global. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados y el evento medio ambiental más importante del 2009 culminó en un verdadero fracaso.
Teniendo en cuenta este antecedente,
desde principios de 2010 las esperanzas fueron puestas en Cancún, ciudad mexicana donde se desarrollará la COP16 en diciembre de este año. A pesar de los esfuerzos de ciertos sectores por lograr un acuerdo tendiente a mejorar la situación del planeta, las
últimas reuniones que se desarrollaron en vistas a la próxima cumbre no fueron del todo alentadoras y aún los acuerdos se hacen esperar.
Sin embargo, las últimas novedades generaron cierto optimismo en aquellas personas preocupadas por el futuro del planeta: el 2 y el 3 de septiembre se desarrolló en Ginebra una nueva reunión de ministros con el objetivo discutir la financiación para adaptación al cambio climático en los países en vías de desarrollo.
De acuerdo a
EFE, una vez finalizada la reunión la secretaria ejecutiva del Acuerdo Marco de la ONU sobre Cambio Climático, Chistiana Figueres, sostuvo que la clave para un acuerdo en Cancún es la entrega de los fondos que se comprometieron en Copenhague -esto es unos 30 mil millones de dólares hasta el 2012 y 100 mil millones de dólares al año entre 2012 y 2020-.
Si bien la suma ya está propuesta, siempre que se abordó este punto no fue posible llegar a un acuerdo definitivo en torno al origen, la cantidad y el empleo de fondos para estos países. En relación con esto, y teniendo en cuenta que es fundamental la transparencia, hace unos días se desarrolló por iniciativa de Holanda una
página web que detalla las contribuciones.
Pero además, para no caer de nuevo en el fracaso, se habla de la necesidad de bajar las ambiciones y no buscar un acuerdo global y vinculante sino más bien aquellos que sean menos específicos.
Dentro de las cincuenta naciones que participaron del encuentro se encontraron China y Estados Unidos, países claves en la lucha contra el cambio climático dado que son los principales contaminantes a nivel global. Así, China pidió a la comunidad internacional que respete su compromiso adquirido en Copenhague, mientras que el enviado de Estados Unidos, Todd Stern, señaló que su país trabajará para buscar nuevos métodos de financiación y en reducir para el 2020 las emisiones de gases de efecto invernadero en un 17 por ciento respecto a los niveles de 2005.
Más allá de estas cuestiones protocolares, lo fundamental es realizar un trabajo conjunto para que la próxima cumbre tenga mejores resultados que la anterior. Este año, las esperanzas no son las mismas que las que fueron depositadas en la COP15, esto no debe llevar a un escepticismo sino que más bien debe servir para plantear acciones acordes a las necesidades actuales y que puedan ser implementadas en lo inmediato.
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