Je t'aime, Robert Motherwell.
Es de lo más normal querer llevar al colmo las buenas sensaciones, saturarlas, rendirse a la embriaguez de un momento para prolongar ese estado por más tiempo, en otros contextos, con otras compañías. No obstante, en vez de irradiar un estado agradable, eso puede ocasionar el rechazo de los que no se sintieron convocados a participar.
La risa, por ejemplo, es un divisor de aguas: se siente uno parte o se queda completamente afuera. Ese poder antagónico de incluir y excluir a un tiempo lo tienen todas las emociones fuertes. Por ese motivo es un arte compartirlas sin suscitar la apatía o peor, la censura de los presentes.
Hay una transición, que puede ser breve pero es imprescindible, entre un estado pasivo, apático, y una sensación intensa. Con la actitud de quien toma de la mano a alguien para invitarlo a dar un paseo, el más entusiasmado puede contagiar a otros; difícilmente lo logrará si intenta llevarlos a la rastra, y es más probable que cause la reacción opuesta.
Tal vez sea éste uno de los motivos por los cuales tan frecuentemente se condena al prójimo: la dificultad de pasar a otro una vivencia personal, de prestarle por un instante los lentes a través de los que se aprecia cualquier hecho, que ciertamente tienen el poder de transformarlo.
Hace falta instalar un filtro a fin de evaluar qué emociones merecen esparcirse entre los presentes y cuáles van a enrarecer el clima de la ocasión. Para eso, nada mejor que ejercitar la imaginación y vislumbrar el resultado antes de actuar.
La tarea docente está en gran parte motivada por esa posibilidad de brindar a los demás un nuevo punto de vista. Y cuando es más noble, no busca que ellos confundan esos lentes con su propia mirada, sino simplemente ofrecer otra opción.
Cada semana, la instructora de
Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo.
Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica:
Docendo, Discitur
La vida o la contemplación de la vida
La nobleza de las herramientas rudimentarias
Ya estamos acostumbrados a la calidad de los artículos de Yael, pero el de hoy (quizá porque tiene mucho que ver con vivencias que estoy atravesando en este momento) me resulta sumamente inspirador.
Muchas gracias por compartir siempre tus puntos de vista!
Genia !
Buenisimo!!! Lo tendré en cuenta
Un besito!!
Muchas gracias por compartir estas buenas sensaciones.
Me pongo a ejercitar la imaginación!
Gracias Yael
Muy acertado el comentario. Gracias Yael!!!
Perfecto
Gracias por estas enseñanzas sutiles y poderosas, que nos hacen evolucionar.
gracia por compartir esto y lo otro también.
un abrazo.
lectura que es como un anillo a mi dedo
gracias
Joaquina
Yaeeeeeeeee, me gusto!!!! besoteeeeee
Buenísimo Yael! Muchas gracias!
Profesora Yael, leerla es regresar a ese lugar en lo que todo era fácil, claro, simple, verdadero: la niñez. Qué emocionante aliento, en este día de preguntas.