Mercado de esclavos y el desaparecido busto de Voltaire, Salvador Dalí
La fuerza de los elementos. El agua, el viento, el fuego… tienen el poder de hechizar momentáneamente. La conciencia se absorbe en ellos con una fascinación infantil, con una nostalgia inmemorial. Tal vez se deba al residuo de experiencias que eran cotidianas para los ancestros de nuestra especie, tal vez simplemente a la búsqueda de un contraste a la desenfrenada rutina de las grandes urbes.
El hecho es que, quien vive en la ciudad, suele extrañar el horizonte límpido del campo, o el furor del mar que apaga toda inquietud con su música perpetua. Al mismo tiempo, el morador del campo y de la playa desierta normalmente anhela la agitación urbana, las noches insomnes, sonoras, coloridas, multiculturales, que lo desvelan en la repetición uniforme de sus atardeceres.
¿No será éste un rasgo característico del ser humano, el de siempre querer lo que está un poco (o mucho) más allá de sus realidad inmediata? Eso explicaría, aunque no justifica, la determinación de los conquistadores. Y como, posiblemente, por cada Alejandro Magno que surge, existan millones de anónimos mucho menos capaces de llevar a cabo sus planes que él, pero igualmente motivados por ese deseo de expandirse a otras regiones, seguramente haya una gran dosis de insatisfacción en la Humanidad.
¿Cuántas veces una sensación agobiante de saturación de ocupaciones se interrumpe brusca y definitivamente por un paseo al aire libre? ¿Y cuántas un tedio prolongado por semanas desaparece sin dejar rastro después de la frescura de una reunión con amigos? Ésos son los momentos para aprovechar el envión y aceptar que el entorno no tiene un poder definitivo sobre el estado personal. Y si lo tiene es porque se lo otorgamos; por ende, en vez de colocar la responsabilidad en el ámbito donde nos movemos, podemos nuevamente tomar las riendas e impregnar de sentido las propias acciones.
Cada semana, la instructora de
Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo.
Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica:
Buenas sensaciones
Docendo, Discitur
La vida o la contemplación de la vida
Que lindo… Me gustan tus escritos y especialmente el especial gusto para colocar ilustraciones que conectan sabiemente con obras artísticas increíbles.
Felicitaciones!
Me encantó, y concuerdo con Edgardo sobre la acertada elección de la ilustración
Gracias Yael!!
Me senti identificada, je.. excelente !
Gracias !
Genial. Justamente por eso es por lo que me acerqué al Método DeRose: para alcanzar lo que está un poco (o mucho) más allá de mi realidad inmediata. Y en este tiempo, puedo decir que estoy más próxima de lo que quiero ser.
Gracias
Yael tus escritos me hacen sonreir… aunque si me miro al espejo no estoy sonriente… debe ser algo mñas profundo, en fin:
leerte es placentero!
genia!!!
beso
Muy bueno! gracias
Gracias! Allá voy…
Demasiado Light
Hola The King, coincido en que muchas cosas pueden parecer light hasta que las ponés en práctica. En ese punto pasan a ser poderosas, pero es necesario probar. Saludos!
…a mi me encantan todos Yael, light o heavy, es algo que depende de las experiencias de vida, tan subjetivo como interpretar qué tan suaves pueden ser el viento o el mar. Conocemos fascetas, pero dificil es llegar a la escencia.
Besos y felcitaciones!!!
Si el entorno no tiene un poder definitivo en el estado personal, no te enojes si no te felicito por este escrito tan naif… como sí hacen todos los demás
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