Wasteland, lo mejor del Green Film Fest 2011

por Victoria Bembibre, 29.08.2011 eventos

Tal como ocurrió en su primera edición, el plato fuerte de este Green Film Fest 2011 son un par de documentales impactantes (The Cove y Wasteland), acompañados por varias piezas creativas e inspiradoras sobre el ambientalismo. Ninguno de los films que integran el panorama de este Festival es elegido arbitrariamente, cada uno cuenta una parte de la historia de un mundo más verde: la conservación de las especies, los esfuerzos individuales, las denuncias de contaminación y el reclamo de las comunidades, las perspectivas globales del vínculo entre ecología, información y comunicación, las iniciativas locales y la importancia de lo rural, la necesidad de transformar a nuestra especie para superar esta transición. Para quienes aún no han tenido oportunidad de verlo, The Cove es un documental de denuncia muy duro, trágico e impresionante sobre la matanza anual, sistemática y masiva de delfines en el pueblo de Taiji en Japón. Se trata de una investigación encubierta que salió a la luz en 2009 y que ganó los premios del Festival de Sundance y de la Academia al mejor documental. Además de todo, es difícil pensar en una mejor forma de llamar a la acción a los conservacionistas y ecologistas del mundo, con imágenes reveladoras y escandalosas que nunca hubieran sido posibles sin el coraje y la pasión de un grupo de activistas pero, en especial, de un pequeño grupo de individuos con ideas y ganas de cambiar el mundo. Pero nuestra elección de lo mejor de este Green Film Fest es Wasteland , no sólo porque se trata de un film menos difundido, sino especialmente porque nos revela un costado a veces inexplorado de las consecuencias de dañar al planeta: el costado humano. Este film que sigue al reconocido artista brasileño Vik Muniz en la creación de una obra de arte trascendental, nos cuenta por qué la contaminación, el calentamiento global y el desprecio por nuestro entorno se vuelve sobre nosotros. Muniz visita el basural más grande del mundo, Jardín Gramacho en Río de Janeiro, y conoce a un grupo de recolectores ("catadores") de basura, que dedican sus días a separar aquellos objetos reciclables de la basura que va a los rellenos sanitarios. Esta serie de personajes con vidas tan dramáticas como de película son también los protagonistas de una serie de obras de arte gigantes - producidas por ellos mismos con basura - que Muniz idea y luego expone en museos del mundo con enorme éxito. Pero la importancia de Wasteland no son las obras de arte - o sí, en especial el arte en todo esto que era un montón de basura -, sino el camino que atravesamos y por el que nos conduce su directora Lucy Walker, desde descubrir lo que nuestra ambición por el consumo y el desperdicio está haciendo con el planeta (y con la vida de estos protagonistas), hasta maravillarnos con la transformación de un puñado de vidas que pueden rehacerse desde la grieta más profunda hasta el lugar más digno. Cada uno de sus personajes y de sus momentos son dignos, y la mejor parte es que cada una de las vidas es transformada por sí misma, son ellos quienes producen las obras de arte y quienes pueden encontrar luego nuevos y mejores rumbos en sus vidas. Es que la importancia de repensar nuestros hábitos de vida radica precisamente en la capacidad de asegurar nuestra supervivencia, y es en este trazo humano que el film triunfa, acercándonos mucho más a nosotros mismos que otras visiones ambientalistas. Wasteland en definitiva nos invita a la toma de conciencia sobre lo que estamos haciendo con el planeta y, por ende, sobre nosotros mismos, y lo que podemos llegar a hacer transformando esta realidad en una más sustentable, más creativa, más vivible. ¿Ya asististe al Green Film Fest en Buenos Aires? ¿Qué película recomendás?

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