Jack y las habichuelas mágicas
Ante el mismo desafío, un individuo puede reaccionar en dirección a la lucha o a la huida. Ambas salidas pueden ser consideradas exitosas si gracias a ellas se logra la supervivencia. La elección, en muchos casos, dependerá no tanto de la conveniencia de la situación como de la tendencia intrínseca de esa persona.
Si la comida o el abrigo escasean, se presenta una disyuntiva parecida a la anterior: hacer durar lo que hay buscando extraer el máximo provecho de aquello que es limitado, o salir a buscar más, con el riesgo de no encontrarlo. También en este caso ambas alternativas pueden funcionar.
Ahora, si lo que se busca está más allá de la línea de la supervivencia, si lo que se quiere es desarrollar calidad de vida, el análisis difiere un poco. La tendencia de evitar gastos, achicar necesidades, pone a trabajar el ingenio en pos del encogimiento. La propuesta de dar un salto para ponerse a la altura de las circunstancias agudiza el instinto de crecimiento.
Claro que no se trata de crecer desmesuradamente en bienes o de ocupar cada vez más espacio, sino de conocer la altura de ciertos anhelos básicos que, de satisfacerse medianamente, brindan una base de contento a quien los realiza.
Veamos un ejemplo: todos tenemos un horario ideal para despertar, para trabajar o para dormir. Una mayor inclinación hacia la noche o el día. Si vulneramos esa tendencia por un tiempo razonable, probablemente se logrará crear un hábito que, sin embargo, no modificará nuestra íntima predisposición. Como el sacrificio de relegar un deseo es considerado un valor en la cultura judeocristiana, aceptamos viajar en un medio de transporte incómodo o acostarnos en un horario que no nos cuadra, amparados en la dignidad del espíritu de sacrificio y porque estamos más preocupados en ahorrar que en invertir.
El temor a tocar el límite de las cosas, ya sean los tiempos o las economías, nos impide descubrir aquel ingenio que sólo nace en situaciones desafiantes. Si esa capacidad de desafiarse se entrena, el primer interrogante que surge ante la formulación de un deseo apunta a resolver cuál es el primer paso para alcanzarlo.
Cada semana, la instructora de
Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo.
Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica:
El campo gravitatorio de las emociones
Fuera de las casillas
Totalmente de acuerdo!! Saludos!
Impecable! También concuerdo con vos Yael!
muy interesante! a ponerlo en práctica, no? =) Gracias Yael.
Buena reflexión! Así trato de vivir mi vida…
Gracias!!!
Me encanta lo que escribis y la manera en que lo haces. Se puede apreciar que cada palabra, cada punto y cada coma están super pensados. Gracias Yael. Beso.
… súper interesante Yael, espero tomar consciencia de ese ascpecto a diario y como todo, ponerlo en práctica.
Felicitaciones!!!
Muy bueno! Pienso así
Un beso grande!!
Buenisima reflexion! y como siempre muy oportuna =) Graciassssssss
el ingenio es la imaginación práctica
o la práctica de la imaginación; gracias por compartir tus hallazgos; en tus escritos está siempre presente el desafío.
Querida Yael, se nota en un abrir y cerrar de ojos que sos una persona muy sabia y respetada por tus seguidoras como la sabiduría de un anciano en las tribus ancestrales. Al mismo tiempo, como el mar que va y viene de la orilla, siento una profunda pena por el hecho lamentable de percibir que palabras tan conmovedoras y portadoras de significados profundos como el océano, no puedan llegar a la vista de otros individuos. Como en la historia de Edipo, relatada por el griego Sofoclés, muchos prefieren arrancarse los ojos a ver la inconfundible verdad que se posa frente a ellos como un ave en la vigilia. Me gustaría, con humildad, hacerte llegar mis más sinceros y cálidos respetos por tu obra que, cada semana, es objeto de deleite para mis ojos y una caricia suave y revitalizadora para mi espíritu como el aire fresco de la mañana primaveral.
Querida Yael, se nota en un abrir y cerrar de ojos que sos una persona muy sabia y respetada por tus seguidoras como la sabiduría de un anciano en las tribus ancestrales. Al mismo tiempo, como el mar que va y viene de la orilla, siento una profunda pena por el hecho lamentable de percibir que palabras tan conmovedoras y portadoras de significados profundos como el océano, no puedan llegar a la vista de otros individuos. Como en la historia de Edipo, relatada por el griego Sofoclés, muchos prefieren arrancarse los ojos a ver la inconfundible verdad que se posa frente a ellos como un ave en la vigilia. Me gustaría, con humildad, hacerte llegar mis más sinceros y cálidos respetos por tu obra que, cada semana, es objeto de deleite para mis ojos y una caricia suave y revitalizadora para mi espíritu como el aire fresco de la mañana primaveral.