Yael Barcesat, Calidad de vida

Es profesora del Método DeRose, la sistematización contemporánea de una cultura milenaria que se transmite como un arte. Actualmente dirige el equipo de instructores de la Sede Decana del Método DeRose en Buenos Aires. Dicta periódicamente cursos teóricos y prácticos sobre esta filosofía, que propone la expansión de la conciencia en todo sentido, buscando desarrollar tanto el autoconocimiento como la conciencia del ambiente que nos rodea. Es también demostradora profesional de coreografías, que se muestran en su site, www.yaelbarcesat.com.ar

Calidad de vida en práctica: El mito de la infelicidad creadora

Frida Kahlo Hay una extendida creencia de que la creación va de la mano de la infelicidad. Está instalado en la opinión pública que nada puede surgir de las aguas calmas de la estabilidad emocional, y que tanto el arte como las ideas trascendentes deben ser arrancados de las profundidades de la propia insatisfacción. Algunos ilustres ejemplos parecerían confirmarlo, ya que las vidas de personajes como Vincent Van Gogh, Friedrich Nietzsche o Frida Kahlo se nos presentan aciagas, signadas por la incapacidad para las relaciones sociales o por la enfermedad, para citar sólo algunas. No obstante, después de estudiar un poco el asunto, se observa que más allá de lo que se pueda apreciar objetivamente de la existencia de estas personalidades, lo que cincelaba su obra en forma definitiva era el modo único de experimentar los hechos que objetivamente les acaecían. No es un misterio para nadie que la felicidad y la infelicidad no yacen como perlas relucientes, acabadas, en el seno de los acontecimientos que nos rodean. Al contrario, éstas bien podrían compararse con una masilla informe, cuyos contornos finales dependerán mucho más de un componente subjetivo que de las frías aristas de la realidad, aunque ésta última parezca tan sólida. ¿Habrían sido concebidas las obras de arte y de filosofía que delinearon la historia de la humanidad en condiciones de vida menos turbulentas? No podemos tener la certeza, pero si se lee con atención la correspondencia (1) que muchos de esos creadores y pensadores mantuvieron a lo largo de su vida con amigos o familia, se encuentra un sentimiento de celebración desbordante que supera cualquier desdicha y que da brillo al suceso más irrelevante. Me arriesgo a conjeturar que ellos, que se enfrentaron a todo con tal de seguir construyendo, habrían podido convivir con la más peligrosa de las tentaciones: la de entregarse sin reservas a la felicidad. (1) Algunas recopilaciones de correspondencia especialmente interesantes son: Cartas a Théo, de Vincent Van Gogh; Cartas a un joven poeta, de Rainer María Rilke; Cartas a un joven bailarín, de Maurice Béjart; Correspondencia 1945-1970, cartas que intercambiaron Kawabata y su discípulo Yukio Mishima.

Calidad de vida en práctica: Contactos

Night Windows, Edward Hopper Se multiplicaron de tal manera las vías de comunicación en tiempo real con terceros, que parece un milagro que aún subsistan las mismas formas de contacto con el mundo, como por ejemplo salir a tomar el té con un amigo. La cantidad de personas que uno “conoce” (sin hacer un juicio sobre la profundidad de ese conocimiento, aunque asumiendo que es suficiente para querer que esa gente esté al tanto de los acontecimientos de nuestras vidas), ese número creció exponencialmente. ¿Cuántas personas habrá “conocido”, ya sea intimando o cruzando un saludo esporádico en alguna reunión social, la generación de nuestros bisabuelos? Tal vez la mayor concentración de gente con la que compartieron una experiencia hayan sido los cientos de almas que llegaron con ellos en barco, en un viaje de semanas. Es evidente que nuestro comportamiento social está transformándose, y que esta experiencia es muy reciente: hace dos décadas como máximo se empezó a poder mantener una amistad de contacto diario con personas que viven en otro continente, y con las cuales tal vez no se había tenido una proximidad mayor que esa hasta el momento. Se pasó de administrar una agenda de cien contactos a una de mil. Como la velocidad de la comunicación es la madre de toda esta mutación social, se hizo viable mantener vivas esas relaciones aunque más no sea a través de una mínima alusión virtual. Sin embargo, se nota la fascinación inexperta ante la novedad de la hipercomunicación, que amenaza con acaparar por completo el interés en detrimento de cualquier otra actividad. No faltan los que se confunden viendo en la proliferación de su red de amistades el pasaporte hacia la multiplicación de oportunidades de todo tipo: nunca fue tan sencillo ser “amigo” de alguien, y tampoco dejar de serlo. La noche es el momento en que uno puede acercarse más a la sensación de cómo era trabajar hasta hace unos diez años. La intensidad del intercambio laboral disminuye considerablemente, y además de la ausencia de bullicio en las calles adormecidas, se experimenta un silencio social en el cual es posible establecer un diálogo prolongado con apenas una persona.

Calidad de vida en práctica: Utilidad y belleza

El ajedrez de la Bauhaus Existen muchas formas de hacer las cosas. A veces, uno simplemente las hace para llegar al fin del recorrido, dejando a un lado la experiencia del transcurso, con la vista fija en el horizonte lejano. Y es entonces cuando todas las otras cosas que parecían tener sentido pierden por completo su encanto. Y se percibe que no necesariamente la utilidad del fin va acompañada de un sentimiento de satisfacción: en esos casos, la utilidad se separa de la belleza. Tal vez ese malentendido surja de que se suele limitar la belleza a un ámbito no utilitario por excelencia, el arte. Los fundadores de la escuela Bauhaus, que proponían elevar la artesanía al mismo nivel que las bellas artes, fueron creadores del diseño gráfico e industrial, lo que permitió que el arte rebasara la tela y alcanzara los objetos de uso cotidiano. De manera análoga a los constructores y artistas de esa escuela alemana, podemos lograr que el brillo que irradian las conquistas rebase el instante de la victoria y penetre todas las instancias previas, por supuesto con distintos niveles de intensidad. La actitud de aguardar siempre la llegada al objetivo puede tener un efecto anestésico: el foco está tan dirigido a un punto que lo que está alrededor se vuelve virtualmente invisible. Algunos emprendimientos probablemente requieran semejante nivel de abstracción del entorno; pero cuando se instala ese proceder como un recurso para lograr buenos resultados, se corre el riesgo de volverse impasible ante lo que no es parte del plan. La Bauhaus canalizó después de la primera guerra el espíritu joven de construcción de un nuevo orden social y de nuevas formas de convivencia. En el transcurso, para evitar cegarse con la grandiosa meta que la guiaba, rescató lo lúdico y lo aleatorio: se organizaban, por ejemplo, fiestas temáticas con gran despliegue de producción, generalmente con disfraces de esmerado diseño. Probablemente una forma de seguir en contacto con esa riqueza del contexto que se tiende a obviar en pos de los grandes objetivos.

Calidad de vida en práctica: Información subyacente

Maxwell Smart y la 99 El poder de escribir reside en la conversación que uno entabla consigo mismo. Hasta los novelistas deben contarse una historia que tiene el atractivo de ir surgiendo a cada instante, sin el conocimiento anticipado de la trama o del final. Antes de hacerse explícito, el argumento sobre el que se escribirá, simplemente, no existe a nivel consciente. Ocurre que hay un sector enorme de saber que está sumido en la inconsciencia. Tenemos acceso a cierta porción de memorias, de datos almacenados, de registro de todo lo que constituye experiencia… pero gran parte de esa información es en principio inaccesible al plano consciente. Sólo en principio, porque dadas las circunstancias esas perlas afloran a la superficie. Hay diversas formas de bucear en los sectores más recónditos para rescatar este conocimiento latente. Todas ellas apuntan a lograr que, por unos instantes, el mundo deje de impregnarnos con las percepciones a que estamos constantemente expuestos, para conseguir invertir el flujo de información: en vez de provenir del exterior, las percepciones pasan a ser de origen interno. ¡Es tanto el conocimiento silenciado por el aluvión de estímulos externos! Ese tesoro está mucho más próximo de lo que se imagina, pero en general se trata de acercarse a él sumando, en vez de restar. Se suman esfuerzos en vez de restar dispersiones, y esos esfuerzos terminan siendo fuente de nuevas dispersiones. Hay un capítulo de El superagente 86 que ilustra muy bien cómo la dispersión eclipsa el conocimiento directo: alguien pregunta a Maxwell Smart si tiene silenciador para su revólver, y él asiente disponiéndose a mostrar cómo funciona. Entonces dispara y al mismo tiempo da un grito que logra tapar el sonido de la detonación. Lo mismo ocurre con esa información que muchas veces intuimos: sin importar todo el ruido que se agregue, continúa estando ahí, subyacente.

Calidad de vida en práctica: Olvidos históricos

Esclavitud Las ideas que no prosperan en sociedad son como ramas de un árbol que no continúan su desarrollo natural. El árbol crece en otras direcciones y, tal vez más adelante, aquella idea rebrota en forma de nueva rama, pudiendo o no llegar a cumplir el ciclo vital hasta dar su fruto. Según esa metáfora, el árbol de la historia humana está lleno de ideas que llegaron a ver la luz de su época pero que fueron rápidamente devueltas a las tinieblas por los paradigmas imperantes. Se tiende a interpretar que las conquistas son irreversibles; sin embargo, después de cierto tiempo se descubre que la resistencia al cambio adopta una nueva forma, más sutil, que le permite perpetuar el orden vigente. Ese es el caso de la esclavitud: oficialmente abolida desde hace aproximadamente un siglo, subsiste de maneras variadas en mayor o menor intensidad, en casi todo el mundo. El reconocimiento de los derechos de la mujer también parece estar pasando por un auge en este momento en que varios puestos de poder son ocupados por exponentes de ese género. No obstante, ya hubo períodos y sociedades en que las mujeres ocuparon un rol social de tanta importancia como el del hombre, pero eso quedó tan profundamente sepultado que lo que hoy ocurre aparece como un avance sin precedentes. Si la memoria del ser humano pudiera alimentarse de las memorias de los individuos que lo precedieron, remontándose generación tras generación hasta el origen, probablemente sería desalentadora la repetición de esos intentos truncos de crecimiento de las ideas libertarias en dirección a una sociedad más justa. Da la sensación de que la libertad siempre juega a las escondidas con los hombres, y de que las pocas veces que se la encuentra hay que aprovechar al máximo esos períodos que son breves como lo que dura un fruto maduro en el árbol.

Calidad de vida en práctica: Ciencia ficción

El Eternauta, Francisco Solano López Una gran cantidad de películas de ciencia ficción se basa en la fantasía de viajar al pasado o al futuro a voluntad. Estar presentes en situaciones que ya ocurrieron o aún no se produjeron y modificarlas a gusto, alterando de esa forma nuestros recuerdos y expectativas. En realidad, el efecto más profundo que desencadena esa posibilidad es la alteración de nuestra personalidad: las impresiones que generaron en nosotros los hechos del pasado determinan nuestra forma de pensar y actuar en el presente. Por otro lado, las incertezas en relación con el futuro y las ideas a priori que construimos ejercen también una influencia gravitatoria en nuestro presente, que termina siendo condicionado por lo que fue y lo que será. Es evidente que esto nos resta libertad si no somos conscientes del fenómeno. Si bien hacemos cotidianas incursiones a los registros del pasado y a las realidades que proyectamos en el futuro, no somos simples víctimas de una descontrolada máquina del tiempo: tenemos más poder de actuar sobre estas realidades temporales paralelas de lo que habitualmente creemos. Si lo que permanece al cabo de una experiencia es una impresión, muchas veces subconsciente, y es eso lo que nos va moldeando en el presente, basta con identificar esas impresiones y actuar sobre ellas, en vez de buscar sustituir el hecho que las motivó. Hace falta disciplina para que cada vez que surja el recuerdo, se asocie a él una impresión escogida, que obviamente no puede ser impuesta sino que debe ser una conclusión razonable ante la situación vivida. Por ejemplo: al pensar en la ausencia un familiar querido, se puede evocar todo lo bueno que se compartió con él en vez de enfocarse en la pérdida. En cuanto al futuro, fantasear con un desenlace favorable para las circunstancias venideras no parece tan complicado... Pero la atención en este caso debe aplicarse a los momentos menos conscientes, en los cuales la imaginación puede ser seducida por una pendiente pronunciada hacia el pozo del pesimismo.
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