Yael Barcesat, Calidad de vida

Es profesora del Método DeRose, la sistematización contemporánea de una cultura milenaria que se transmite como un arte. Actualmente dirige el equipo de instructores de la Sede Decana del Método DeRose en Buenos Aires. Dicta periódicamente cursos teóricos y prácticos sobre esta filosofía, que propone la expansión de la conciencia en todo sentido, buscando desarrollar tanto el autoconocimiento como la conciencia del ambiente que nos rodea. Es también demostradora profesional de coreografías, que se muestran en su site, www.yaelbarcesat.com.ar

Calidad de vida en práctica: La evolución de juzgar o conocer

Atardecer de verano, Edward Hopper Después de publicar el último artículo recibí algunas impresiones de quienes lo leyeron. Algunos lectores sintieron la falta de una conclusión, o por lo menos de más desarrollo del tema. Como yo también me sentí intrigada al leer el final de la nota, como si el asunto me desafiara a seguir, aquí va la continuación. No se lea ésta como una segunda parte, que suele desmerecer la primera, sino como el resto de la idea, que no había sido agotada en las primeras trescientas palabras. Repasemos las dos formas planteadas de conocer a los demás: a través de un contacto mínimo, que evidencia lo que el otro hace, o a través del cultivo de la relación por un tiempo prolongado, que deja entrever lo que el otro no hace. En algún momento la primera se transforma en la segunda. En algunos casos, las primeras impresiones que tenemos de los otros están relacionadas con la creencia: hay una especulación sobre las características del otro para llenar los vacíos de esa percepción incipiente. Esto crea una imagen más o menos fantasiosa, causante de las más estruendosas decepciones. Si se prestara oídos a la intuición en ese primer contacto, las evidencias que la lógica brinda no nublarían tanto nuestra interpretación, que moldea los objetos al intentar decodificarlos. Por supuesto que para robustecer la confianza en la intuición es necesario un entrenamiento disciplinado a través de técnicas específicas. A medida que las experiencias compartidas se van sedimentando, esa especulación va dando paso al conocimiento que, como se mencionó en el artículo anterior, probablemente esté más relacionado con lo vacío que con lo lleno. Para perfeccionar esta fase es preciso desarrollar una virtud preciosa: la tolerancia, aceptar al otro tal como es. El escritor DeRose es enfático en relación con este punto: [..] la solución no es quejarse de las personas y de las circunstancias para intentar cambiarlas, sino educarse a sí mismo para adaptarse. La actitud correcta es dejar de querer infantilmente que las cosas se modifiquen para satisfacer a su ego, y modificarse a sí mismo para ajustarse a la realidad. Eso es madurez. Así, cada forma de trabar contacto con el otro es la semilla de dos ricos frutos, la intuición y la tolerancia. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: Juzgar o conocer Una propuesta ambiciosa La imaginación al poder

Calidad de vida en práctica: Juzgar o conocer

El pez de oro, Henri Matisse Algo aburrida, dejo por un instante un libro sobre cómo saber lo máximo en un segundo, optimizar el primer contacto con una persona o situación para extraer la mayor cantidad posible de información en el mínimo de tiempo. Acto seguido empiezo a hojear un libro ya viejo, con el borde de las hojas aterciopelado por el repetido contacto de quién sabe cuántos lectores. El prefacio se refiere al tiempo que lleva conocer a alguien (en este caso el autor del libro), y lo justifica con una clave inquietante: […] si es cierto que se juzga a una persona por lo que hace, se la conoce por lo que no hace. (Georgette Leblanc, prefacio de El pájaro azul, de Maurice Maeterlinck). Esa apreciación, que en la época en que fue escrita podría resultar de lo más racional y hasta evidente, da por sentado que vamos a necesitar tiempo para conocer a los que nos rodean. Exactamente lo contrario que proponía el primer libro. Ocurre que sólo tenemos la oportunidad de conocer con este grado de profundidad a quienes están lo suficientemente cerca durante bastante tiempo, lo cual construye un histórico de acciones y omisiones que nos ilustran acerca del carácter del otro. Como llegamos a ese grado de convivencia prolongada sólo con los más próximos, es lógico que las cosas que el otro no hace vayan acumulándose de forma visible, e incluso es normal que salten a la vista con más fuerza que lo que se construye. Es posible que eso predisponga a que, con los años, muchas relaciones duraderas se interrumpan. El primer libro defiende el saber instantáneo, apelando a apreciaciones inconscientes que nos asaltan de inmediato ante la presencia de otro. El segundo libro asegura que se termina conociendo a los demás a costa de sus vacíos, de las cosas que no hacen, de los lugares en que no están… Esas dos aproximaciones recuerdan las diversas maneras de moldear una escultura: partiendo de la materia blanda y dándole forma, o partiendo del bloque duro y desbastándolo. Ambas son válidas, siempre que se sepa cuál es el resultado buscado. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: Una propuesta ambiciosa La imaginación al poder Revelación y audición

Calidad de vida en práctica: Una propuesta ambiciosa

Ícaro salvado, Julio Nieto Cuando uno llega a un lugar público se encuentra ante una evidencia inmediata: todos los ambientes que son de todos parecen no ser de nadie. Los cuidados que ese sitio recibiría de uno si fuera propio se muestran sin sentido cuando se piensa que el próximo en llegar va a hacer un uso desidioso del mismo. Al actuar de esa forma, se pierde de vista que el hecho de aplicar un cuidado al entorno tiene un efecto hacia afuera, que puede ser anulado por el próximo, pero también incide en la intimidad de nuestros valores, produciendo un cambio de disposición que puede contagiar, en el buen sentido de la palabra. La ideología por detrás de ese nuevo paradigma es mejorar todo lo que se toca. Es muy fácil llegar a un baño público y tener el cuidado de dejarlo en mejores condiciones que como se lo encontró. Pasar por la calle y levantar apenas un papel que esté negligentemente caído en el suelo. Sentarse a tomar un café y sonreír al dirigirse al mozo, pero también al empleado del banco después de hacer una fila eterna… Más difícil, pero también excelente entrenamiento, es intentar el mismo resultado con los seres queridos, con quienes muchas veces la confianza opaca los buenos cuidados. Dejar a una persona en mejor estado del que se la encuentra produce reflejos en uno y en todos los que están cerca. En última instancia, este comportamiento modificaría sustancialmente nuestra percepción de que los baños públicos, las calles, las personas, están en buen estado sólo después de recibir un cuidado, y que en el transcurso del día la entropía o tendencia al caos aumenta inexorablemente. Resulta más sencillo mantener en perfectas condiciones un lugar que está impecable. El desafío de mejorar todo lo que se toca es más ambicioso, pero puede llegar a ser mucho más compensador. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: La imaginación al poder Revelación y audición La línea de acción

Calidad de vida en práctica: La imaginación al poder

El jardín de las delicias, El Bosco Recientemente Flávio Moreira, Profesor del Método DeRose en São Paulo, se refirió en una disertación al fortalecimiento de la imaginación, y eso quedó resonando en los que asistimos a la charla. Explicó que, con una imaginación desarrollada, se multiplican las posibilidades de reaccionar ante los estímulos con personalidad, es decir, de manera genuina, en función de las propias convicciones y no según lo que se experimenta. Citó el ejemplo de Gandhi, que mantuvo su ideal de no agresión más allá de la violencia de los enfrentamientos a su alrededor. Él reaccionó de una forma inusitada, manteniendo firme el estandarte de la resistencia pacífica, que como pudo verse a la luz de la historia, no dejó de ser una barricada poderosa frente al imperialismo cultural. Es un mecanismo de la naturaleza: toda acción ciertamente genera una reacción; no obstante, uno tiene la posibilidad de elegir entre múltiples salidas. Por herencia cultural nos acostumbramos a devolver el golpe, y todas las demás respuestas posibles permanecen latentes, en una neblinosa inconciencia. El miedo es una de las emociones más paralizantes, ante la cual todo raciocinio se anula. Sin embargo, son las reacciones valerosas, conscientes, las que constituyen los escalones de la evolución hacia un grado mayor de conciencia. Si se es capaz de imaginar diferentes salidas ante una misma situación, también se puede optar por otros rumbos en el momento de atravesarla. Ese ejercicio de concebir mentalmente otras reacciones es el primer paso para comenzar a escogerlas. Se promueve un salto evolutivo a través de la imaginación. Si bien la palabra “revolución” está asociada a revuelta y derogación del orden establecido, se trata en última instancia de una revolución comportamental, sólo que en este caso no se violentan los hábitos vigentes sino que se incorporan nuevas alternativas a nuestro patrimonio inconsciente de reacciones automáticas. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: Revelación y audición La línea de acción La inquietud constructiva

Calidad de vida en práctica: Revelación y audición

Giorgio de Chirico En el contexto del hinduismo, existe un vasto cuerpo de textos fundamentales, de más de tres mil años de antigüedad, que son considerados parte del grupo de escrituras denominado Shruti. Este término sánscrito significa aquello que es oído, lo que en palabras del Maestro DeRose puede estar refiriéndose a la tradición oral […] o al hecho de que esas escrituras fueron recibidas a través de revelación, por medio de la cual los rishis (sabios) “oyeron” los textos. Parar un instante y escuchar. Tal vez, el momento de asistir a una revelación sólo se compara con la audición porque los estímulos, que ya estaban presentes, adquieren creciente nitidez cuando está la voluntad de oír. La visión, el gusto, el tacto, son sentidos mucho más localizados, a los que podemos fácilmente sustraer de una determinada percepción (mirando hacia otro lado, eligiendo otra cosa o nada para saborear, retirando la mano de una superficie cualquiera...). En cambio, el oído y el olfato son omnidireccionales, y las percepciones nos asaltan con inmediatez, captando nuestra volátil atención. El empleo de la metáfora auditiva para simbolizar la revelación de un conocimiento hace referencia a ese carácter ineludible de toda certeza; habla también de la sutileza de dicho saber, ya que el olfato aprecia las partículas volatilizadas en la atmósfera, y el oído percibe apenas la vibración del aire, la onda sonora. Por último, no está demás aclarar que cuando nos referimos a revelación lo hacemos en el sentido de algo que deja de estar velado y se muestra tal como es. El proceso es equiparable al del revelado fotográfico: las imágenes se encuentran latentes en el negativo, pero sólo son observables una vez que se revela la foto. Si en el proceso entra luz, los negativos se velan, al igual que el conocimiento sutil que, cuando es interpretado por alguien que no tiene las herramientas adecuadas, cae en el sinsentido. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: La línea de acción La inquietud constructiva La pura intención de dar

Calidad de vida en práctica: La línea de la acción

Jackson Pollock en plena action painting Una vez leí que sólo existimos cuando hacemos; el día que no hacemos, no existimos. Construyo, luego existo. Al analizar ese “hacer” uno encuentra que lleva consigo un requisito insoslayable para ser considerado como acción: tiene que conducir a un destino. El futuro redefinirá el presente, ya que los actos estarán sujetos a una evaluación postrera una vez que hayan dado su fruto, o no. Es tan común dispersarse, que posiblemente haya días repletos de actividades que no podrían validar la existencia. ¿Y cómo se mide eso? Sólo aquellas acciones que tengan principio y fin, y conduzcan a un resultado deseado pueden entrar en la categoría de constructivas. Las otras, las que llenan los intersticios de nuestro día haciendo que súbitamente caiga la noche sin que nos percatemos del paso de las horas, son equivalentes a castillos de arena: nos gusta armarlos, pero no es posible vivir en ellos. De hecho, el entorno finalmente evalúa nuestras aptitudes en función de la consecución de objetivos, no de la intensidad de nuestros deseos. Las proyecciones pueden ser inspiradoras, pero a la larga, es la tarea realizada lo que nos da consistencia como seres constructivos. A veces ocurre que las vías para alcanzar un resultado rehúyen a la visualización: está claro el objetivo, pero no la forma de llegar a él. En esos casos se hace necesario fijar una primera posta, el punto en el cual será viable hacer una parada y reponer fuerzas. Probablemente, desde ese nuevo ángulo de observación aparezca más nítida la próxima posta. De lo contrario, se corre el riesgo de perderse en el camino. Más allá de lo que los demás deduzcan de los logros de un individuo, ¿qué es lo que él mismo juzga de sus acciones? La confianza se construye a través del cumplimiento de la palabra, incluso cuando no haya ningún verbo proferido, aún cuando no haya un interlocutor, y sea sólo el pensamiento que establece una dirección. Esas formulaciones internas cuentan para un individuo de tal forma que van moldeando su carácter, su inclinación a dudar de lo que hace o a tener certeza de lo que emprende. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: La inquietud constructiva La pura intención de dar Cambio de signo
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