Yael Barcesat, Calidad de vida

Es profesora del Método DeRose, la sistematización contemporánea de una cultura milenaria que se transmite como un arte. Actualmente dirige el equipo de instructores de la Sede Decana del Método DeRose en Buenos Aires. Dicta periódicamente cursos teóricos y prácticos sobre esta filosofía, que propone la expansión de la conciencia en todo sentido, buscando desarrollar tanto el autoconocimiento como la conciencia del ambiente que nos rodea. Es también demostradora profesional de coreografías, que se muestran en su site, www.yaelbarcesat.com.ar

Calidad de vida en práctica: Tres deseos

Fontana di Trevi Al menos una vez por año llega el momento de pedir tres deseos, celebrando el acontecimiento de haber venido al mundo. Claro que, para otros, la proximidad de los deseos es constante, y viven redefiniendo sus objetivos o trazando planes para alcanzarlos. Desde hace algunos años ha proliferado la literatura que aborda este tema. En algunos casos, estos libros específicos ayudan a disciplinarse para convertir la fantasía en realidad. En otros, sin embargo, pueden actuar como un balde de agua fría en la pasión, ya que proponen un análisis mental del deseo, un desmembramiento concienzudo de sus elementos constitutivos, lo cual puede conducir a su exterminación. No hay duda de que la disciplina es un ingrediente fundamental para obtener cualquier conquista. Sólo es preciso tomar el cuidado de que, al montar la planificación para llegar a alguna meta, no se disuelva el placer que puede acompañar todas las etapas hasta la consecución final, simplemente por sentirse atado a un plan estricto. Algo que ayuda a mantener presente el disfrute es trazar una estrategia orgánica, es decir, que no se base en una alteración drástica de las rutinas personales. Salvo en casos extremos en que se busca un cambio radical de hábitos, será mejor asimilada una propuesta que pueda montarse en la cotidianeidad sin implicar alteraciones sustanciales. Si el trazado de metas requiere una revisión diaria, es posible que estos objetivos no sean tan viscerales. Y si no lo son, es difícil que lleguen a concretarse. Las rutinas elegidas conscientemente son semejantes a las corrientes marítimas, que todo lo mueven bajo la superficie. A veces, desde afuera puede parecer que el mar está completamente calmo, y sin embargo, hay una actividad latente y sostenida que es la que produce los cambios profundos. Al ponerse objetivos demasiado puntuales se corre el riesgo de atar la felicidad a ellos, de manera tal que no se conciba experimentarla de otra forma. Poner toda la energía en concretarlos no debe implicar el olvido de que esa es sólo una de las incontables vías para vivenciar y producir felicidad. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: Teoría y práctica La evolución de juzgar o conocer Juzgar o conocer

Calidad de vida en práctica: Teoría y práctica

La Odisea La acción tiene un poder mayor que mil representaciones. Vivenciar una experiencia no se compara con ver su fotografía o leer su descripción, aunque ésta contenga un análisis detallado de sus causas y efectos. No obstante, las palabras o imágenes crean la base, el sustento en el cual esas acciones pueden germinar. En ausencia de esos estímulos, posiblemente las mismas acciones caerían en suelo infértil, con lo que serían borradas de la experiencia por falta de un marco paradigmático. No se termina de entender un concepto de aplicación práctica sólo con la lectura de un libro. Pero esa idea que las palabras ilustraron permanece latente, va macerándose, guarda los interrogantes que suscitó y que sólo serán iluminados con la experiencia. Ante la acción, se despiertan las reminiscencias de aquella lectura, de aquel análisis teórico, que resuenan como el eco de un lugar conocido. Esa sensación brinda la confianza necesaria para adentrarse en él. Por eso consideramos que las dos aproximaciones se complementan, la teórica y la empírica. Aun cuando uno lee sobre las peripecias de la vida de otro, si se identifica con esa existencia, crea un marco propicio para atravesar vivencias semejantes. No nos estamos refiriendo aquí a los acontecimientos: es por lo menos improbable aventurarse en las hazañas de Ulises sólo por haber leído La Odisea y simpatizado con él. Lo que se logra es una sintonía fina que predispone a experimentar la realidad desde determinado punto de vista. El mismo efecto se produce cuando uno sale del cine y se siente contagiado de los poderes y del ambiente de la película, si bien no experimentó en sí mismo nada de lo que les ocurrió a los personajes. Teniendo conciencia de este fenómeno, se puede aplicar una selección más certera de la información que se recibe, con miras a ponerla en práctica. De esta forma, se irán creando a voluntad los moldes para que las acciones sigan el curso deseado. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: La evolución de juzgar o conocer Juzgar o conocer Una propuesta ambiciosa

Calidad de vida en práctica: La evolución de juzgar o conocer

Atardecer de verano, Edward Hopper Después de publicar el último artículo recibí algunas impresiones de quienes lo leyeron. Algunos lectores sintieron la falta de una conclusión, o por lo menos de más desarrollo del tema. Como yo también me sentí intrigada al leer el final de la nota, como si el asunto me desafiara a seguir, aquí va la continuación. No se lea ésta como una segunda parte, que suele desmerecer la primera, sino como el resto de la idea, que no había sido agotada en las primeras trescientas palabras. Repasemos las dos formas planteadas de conocer a los demás: a través de un contacto mínimo, que evidencia lo que el otro hace, o a través del cultivo de la relación por un tiempo prolongado, que deja entrever lo que el otro no hace. En algún momento la primera se transforma en la segunda. En algunos casos, las primeras impresiones que tenemos de los otros están relacionadas con la creencia: hay una especulación sobre las características del otro para llenar los vacíos de esa percepción incipiente. Esto crea una imagen más o menos fantasiosa, causante de las más estruendosas decepciones. Si se prestara oídos a la intuición en ese primer contacto, las evidencias que la lógica brinda no nublarían tanto nuestra interpretación, que moldea los objetos al intentar decodificarlos. Por supuesto que para robustecer la confianza en la intuición es necesario un entrenamiento disciplinado a través de técnicas específicas. A medida que las experiencias compartidas se van sedimentando, esa especulación va dando paso al conocimiento que, como se mencionó en el artículo anterior, probablemente esté más relacionado con lo vacío que con lo lleno. Para perfeccionar esta fase es preciso desarrollar una virtud preciosa: la tolerancia, aceptar al otro tal como es. El escritor DeRose es enfático en relación con este punto: [..] la solución no es quejarse de las personas y de las circunstancias para intentar cambiarlas, sino educarse a sí mismo para adaptarse. La actitud correcta es dejar de querer infantilmente que las cosas se modifiquen para satisfacer a su ego, y modificarse a sí mismo para ajustarse a la realidad. Eso es madurez. Así, cada forma de trabar contacto con el otro es la semilla de dos ricos frutos, la intuición y la tolerancia. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: Juzgar o conocer Una propuesta ambiciosa La imaginación al poder

Calidad de vida en práctica: Juzgar o conocer

El pez de oro, Henri Matisse Algo aburrida, dejo por un instante un libro sobre cómo saber lo máximo en un segundo, optimizar el primer contacto con una persona o situación para extraer la mayor cantidad posible de información en el mínimo de tiempo. Acto seguido empiezo a hojear un libro ya viejo, con el borde de las hojas aterciopelado por el repetido contacto de quién sabe cuántos lectores. El prefacio se refiere al tiempo que lleva conocer a alguien (en este caso el autor del libro), y lo justifica con una clave inquietante: […] si es cierto que se juzga a una persona por lo que hace, se la conoce por lo que no hace. (Georgette Leblanc, prefacio de El pájaro azul, de Maurice Maeterlinck). Esa apreciación, que en la época en que fue escrita podría resultar de lo más racional y hasta evidente, da por sentado que vamos a necesitar tiempo para conocer a los que nos rodean. Exactamente lo contrario que proponía el primer libro. Ocurre que sólo tenemos la oportunidad de conocer con este grado de profundidad a quienes están lo suficientemente cerca durante bastante tiempo, lo cual construye un histórico de acciones y omisiones que nos ilustran acerca del carácter del otro. Como llegamos a ese grado de convivencia prolongada sólo con los más próximos, es lógico que las cosas que el otro no hace vayan acumulándose de forma visible, e incluso es normal que salten a la vista con más fuerza que lo que se construye. Es posible que eso predisponga a que, con los años, muchas relaciones duraderas se interrumpan. El primer libro defiende el saber instantáneo, apelando a apreciaciones inconscientes que nos asaltan de inmediato ante la presencia de otro. El segundo libro asegura que se termina conociendo a los demás a costa de sus vacíos, de las cosas que no hacen, de los lugares en que no están… Esas dos aproximaciones recuerdan las diversas maneras de moldear una escultura: partiendo de la materia blanda y dándole forma, o partiendo del bloque duro y desbastándolo. Ambas son válidas, siempre que se sepa cuál es el resultado buscado. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: Una propuesta ambiciosa La imaginación al poder Revelación y audición

Calidad de vida en práctica: Una propuesta ambiciosa

Ícaro salvado, Julio Nieto Cuando uno llega a un lugar público se encuentra ante una evidencia inmediata: todos los ambientes que son de todos parecen no ser de nadie. Los cuidados que ese sitio recibiría de uno si fuera propio se muestran sin sentido cuando se piensa que el próximo en llegar va a hacer un uso desidioso del mismo. Al actuar de esa forma, se pierde de vista que el hecho de aplicar un cuidado al entorno tiene un efecto hacia afuera, que puede ser anulado por el próximo, pero también incide en la intimidad de nuestros valores, produciendo un cambio de disposición que puede contagiar, en el buen sentido de la palabra. La ideología por detrás de ese nuevo paradigma es mejorar todo lo que se toca. Es muy fácil llegar a un baño público y tener el cuidado de dejarlo en mejores condiciones que como se lo encontró. Pasar por la calle y levantar apenas un papel que esté negligentemente caído en el suelo. Sentarse a tomar un café y sonreír al dirigirse al mozo, pero también al empleado del banco después de hacer una fila eterna… Más difícil, pero también excelente entrenamiento, es intentar el mismo resultado con los seres queridos, con quienes muchas veces la confianza opaca los buenos cuidados. Dejar a una persona en mejor estado del que se la encuentra produce reflejos en uno y en todos los que están cerca. En última instancia, este comportamiento modificaría sustancialmente nuestra percepción de que los baños públicos, las calles, las personas, están en buen estado sólo después de recibir un cuidado, y que en el transcurso del día la entropía o tendencia al caos aumenta inexorablemente. Resulta más sencillo mantener en perfectas condiciones un lugar que está impecable. El desafío de mejorar todo lo que se toca es más ambicioso, pero puede llegar a ser mucho más compensador. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: La imaginación al poder Revelación y audición La línea de acción

Calidad de vida en práctica: La imaginación al poder

El jardín de las delicias, El Bosco Recientemente Flávio Moreira, Profesor del Método DeRose en São Paulo, se refirió en una disertación al fortalecimiento de la imaginación, y eso quedó resonando en los que asistimos a la charla. Explicó que, con una imaginación desarrollada, se multiplican las posibilidades de reaccionar ante los estímulos con personalidad, es decir, de manera genuina, en función de las propias convicciones y no según lo que se experimenta. Citó el ejemplo de Gandhi, que mantuvo su ideal de no agresión más allá de la violencia de los enfrentamientos a su alrededor. Él reaccionó de una forma inusitada, manteniendo firme el estandarte de la resistencia pacífica, que como pudo verse a la luz de la historia, no dejó de ser una barricada poderosa frente al imperialismo cultural. Es un mecanismo de la naturaleza: toda acción ciertamente genera una reacción; no obstante, uno tiene la posibilidad de elegir entre múltiples salidas. Por herencia cultural nos acostumbramos a devolver el golpe, y todas las demás respuestas posibles permanecen latentes, en una neblinosa inconciencia. El miedo es una de las emociones más paralizantes, ante la cual todo raciocinio se anula. Sin embargo, son las reacciones valerosas, conscientes, las que constituyen los escalones de la evolución hacia un grado mayor de conciencia. Si se es capaz de imaginar diferentes salidas ante una misma situación, también se puede optar por otros rumbos en el momento de atravesarla. Ese ejercicio de concebir mentalmente otras reacciones es el primer paso para comenzar a escogerlas. Se promueve un salto evolutivo a través de la imaginación. Si bien la palabra “revolución” está asociada a revuelta y derogación del orden establecido, se trata en última instancia de una revolución comportamental, sólo que en este caso no se violentan los hábitos vigentes sino que se incorporan nuevas alternativas a nuestro patrimonio inconsciente de reacciones automáticas. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: Revelación y audición La línea de acción La inquietud constructiva
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