Calidad de vida en práctica

Calidad de vida en práctica: Ocio creativo

Edward Hopper Hay algo peor que las tribulaciones y los obstáculos: el aburrimiento. Ese estado es capaz de frustrar las empresas más emocionantes y de abortar las iniciativas antes de que lleguen a formularse conscientemente. Existe la opción de transmutar el tedio en ocio creativo. Una excelente vía de salida del aburrimiento es, pese a lo que pueda creerse, realizar una tarea simple, mecánica y mínimamente útil, tal como esas que se presentan a diario en el ambiente de trabajo o en el hogar: limpiar el polvo de un estante, lavar un vaso, regar una planta… Exactamente lo contrario a lo que uno suele buscar: diversión instantánea, a través de una actividad intensamente atractiva. No obstante, da la impresión de que la indolencia no puede ser combatida con un contraste violento. Es como si hubiera que salir gradualmente a través de esas tareas puntuales y productivas, que no demandan inspiración, porque desde el punto de vista del hastío ningún horizonte parece suficientemente recreativo. Y después, cuando se abandona el letargo para volver a la actividad, ¿cómo saber si uno está entregándose a un entretenimiento vano o realizando algo “productivo”? Todo depende del sentido subjetivo de esas acciones, ya que una misma tarea puede significar una evasión o un acto de creación dependiendo de la persona que la ejecute. No parece posible rotular sin más una actividad lúdica como ociosa, ni tampoco concluir que una labor intelectual sea siempre creativa. En el momento en que esas vías de escape del aburrimiento surgen, es interesante no juzgarlas, exigiendo demasiado de su poder de transformar distracción en atención (porque ¿qué es estar aburrido sino no tener un objeto definido en el que enfocarse de lleno?). Resulta mucho más productivo permitir que esas tareas se desarrollen sin exigirles nada a cambio, desinteresadamente, hasta que, en el momento menos pensado, el brillo de los instantes vuelva a cobrar su potencia única.

Calidad de vida en práctica: Disponible

Concepto espacial, de Lucio Fontana. Cuando menos me enfoco en mí misma, más descubro que puedo ser útil para transmitir un mensaje. Esa frase la lanzó la compositora Lauryn Hill en un recital, y evocarla tiene el poder de llamar al sentido común: para construir hace falta una dosis alta de disponibilidad y, por lo tanto, de altruismo. Existe una marcada tendencia a considerar el análisis de los problemas personales como primera medida, a la hora de resolver un dilema cualquiera. Tal vez se esto se deba al desarrollo extraordinario del psicoanálisis. Esa mirada que privilegia el estudio introspectivo puede resultar en un crecimiento del egoísmo, en vez de suscitar una evolución en la forma de conducirse con los otros. A veces, dedicarse a los demás es una de las vías más directas para volver a estar en contacto con lo más íntimo y tiene la ventaja de favorecer un punto de vista que, por estar más alejado, termina siendo más neutral. Al fin y al cabo, cuando se está muy cerca de algo se pierde la conciencia de su dimensión, y lo que comenzó siendo insignificante se vuelve enorme por la intensa atención que le damos. Muchas personas sienten que no están dedicando demasiado tiempo a su vida personal, experimentan una especie de ahogo, un deseo de aislamiento. Una vez en soledad, descubren que la insatisfacción continúa, porque la ausencia de sentido, de mensaje, es lo que se pone en evidencia cuando uno tiene más tiempo libre. Los más realizadores, en cambio, raras veces muestran signos de agotamiento, y su tiempo pareciera multiplicarse al ritmo de sus prolíficas actividades. En ese ajetreo constante se ofrecen sin llevar la cuenta, sin mezquinar su disponibilidad de tiempo y energía, generando a su alrededor más trabajo y más desafíos para los que estén atentos a las oportunidades. Esa disponibilidad es contagiosa en el mejor de los sentidos posibles.

Calidad de vida en práctica: Polaridad

Las musas de la comedia y la tragedia, Talía y Melpómene. Todo pulsa, todo está latiendo. Y entre la sístole y la diástole de todo lo que existe, se acomoda nuestra propia pulsación. Si imaginamos a cada persona, cada proceso y la propia naturaleza en diferentes fases de ese latido, es fácil concluir que las posibilidades de coincidencia son realmente pocas. Y aún así entramos en sintonía unos con otros… y nos sumamos a las situaciones… y comulgamos con los momentos o climas del entorno. Es como la clásica paradoja de Zenón, que “prueba” la imposibilidad de avanzar en el espacio porque, para lograrlo, se debe recorrer una distancia; pero no se puede hacerlo sin recorrer primero la mitad de ella, y así ad infinitum. Según la explicación de Zenón sería imposible avanzar, y sin embargo lo hacemos todo el tiempo, sin necesidad de resolver grandes problemas. Más allá de lo que demuestren los análisis teóricos, es la flexibilidad para adaptarse a los estados de las personas y cosas que están alrededor la que permite adoptar un nuevo punto de vista. Se trata de una aptitud poco común, que gratifica al que la desarrolla con la oportunidad de vivenciar múltiples facetas de cada experiencia. Lo que ocurre cotidianamente es que las situaciones son complejas, constituidas por una diversidad de matices que a duras penas permiten simplificar el análisis y declarar que algo es “bueno” o ”malo”. No obstante, tal vez debido a la costumbre de latir, de expandirse y contraerse, de apreciar el mundo en dos tiempos, se tiende a oscilar entre esos extremos impregnando las experiencias de un dramatismo que no les pertenece. La tragedia y la comedia estigmatizan nuestra visión, que al ser liberada de sus grilletes transforma la propia realidad que percibimos. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: Una parada en el camino El momento ideal Delegar

Calidad de vida en práctica: Una parada en el camino

Katsushika Hokusai (1760-1849) - 36 Vistas del Monte Fuji: Umezawa en la provincia de Sagami. Aunque esta formulación parezca una paradoja, el equilibrio no es algo estable: precisa de la corrección atenta, del cuidado permanente. Lejos de ser un estado, parece más bien una fugacidad, una cima sin superficie, en la que uno no consigue instalarse. Apenas se alcanza cualquier logro que represente una parada en el camino, una nueva inquietud inicia su trabajo de hormiga para destituirnos del pedestal de la tarea cumplida. La dinámica de la evolución parece basarse en ese principio. Si no hay comezón no hay acción y sin eso no se aprende. El mundo animal, en ese sentido, es más estable. Las rutinas de la abeja o incluso del perro se repiten día tras día iguales a sí mismas, y no tenemos noticia de las ambiciones de trascendencia de nuestros roommates del planeta. Al mismo tiempo que esta naturaleza insatisfecha nos impele a mantenernos en la perpetua búsqueda de algo, añoramos la sensación de “llegar a destino” y todo el tiempo buscamos esa estabilidad de la cosa concluida. No obstante, instantes de increíble placer florecen a la sombra de esas cimas de concreción lejana, que sirven más como inspiración que como fuente de felicidad en sí mismas. Estando al tanto de esta característica, el transcurso cobra otro valor: por un lado, porque ocupa la mayor parte del tiempo (ya que una vez alcanzado el punto deseado o incluso antes, un nuevo anhelo perfila sus formas en el horizonte de posibilidades); y por otro, porque ese ascenso en dirección a la cumbre puede tener tantas paradas intermedias como sea necesario para regalarse la sensación de que hay logros diarios, cosa que no deja de ser cierta. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: El momento ideal Delegar Lo rico de seguir

Calidad de vida en práctica: El momento ideal

Untitled, de Carole Feuerman Hay un momento ideal para pensar y otro para sentir, así como hay un momento para sumergirse en el universo corporal. Si bien no es posible separar completamente esas actividades, cuando se logra entrar de lleno en cada uno de esos mundos la vivencia llega a ser realmente intensa. Es que muchas veces se produce una mezcla que impide la inmersión inspiradora en cada área. Un ejemplo de ello es cuando uno se pone a estudiar y las emociones perturban la concentración, o cuando se quiere practicar algún deporte y preocupaciones mentales desvían la atención, empobreciendo la actividad. Al final sólo se trata de la presencia: mantenerse presente en la tarea conduce naturalmente a habitar ese universo particular, ya sea corporal, emocional, mental, intuicional… Es como si cada una de esas áreas cobrara una dimensión mayor, dependiendo del momento. Por otro lado, la propuesta no es dividirse y dejar de lado las percepciones complejas. Sólo se plantea una disyuntiva cuando surge la “competencia”, cuando estos diferentes ámbitos luchan por quedarse con nuestra atención, originando una disputa interna que se traduce como ansiedad. La ansiedad muchas veces se origina cuando intentamos resolver mentalmente una emoción, o involucrarnos con esa emoción durante una actividad eminentemente corporal. Cuando una de estas esferas acepta la primacía de la otra en determinado momento, se logra un entendimiento, un pacto interno de convivencia. Si eso se logra hacia adentro, el próximo paso es extrapolarlo a las relaciones y aceptar que los demás también tienen sus momentos. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: Delegar Lo rico de seguir El principio de todo aprendizaje

Calidad de vida en práctica: Delegar

Detalle de El sembrador, de Van Gogh Cuando se enseña a otra persona a realizar una tarea determinada, y esa tarea entonces cuenta con varias manos para ser llevada a cabo, el resultado es la multiplicación del tiempo. Ese fenómeno puede parecer casi mágico en un primer momento, pero si se cae en un descuido por haber delegado la actividad, el efecto puede ser exactamente opuesto: una pérdida de tiempo. Existen varias etapas para optimizar ese proceso de compartir el trabajo con otros; la falta de cualquiera de ellas puede comprometer el resultado final. La primera fase es la más evidente, enseñar. Un ingrediente que ayuda a fijar el conocimiento es la pregunta hecha del profesor al alumno, que le permite traer a la superficie ese contenido fresco, recién asimilado. De esa forma el aprendizaje deja de ser una tarea pasiva, con polaridades estáticas, lo que acelera notablemente el proceso. Luego se hace necesaria una verificación de lo aprendido, mediante la observación del desempeño del aprendiz en la actividad, con abundantes consejos en el transcurso. En este momento es clave aclarar todas las dudas surgidas del pasaje de la teoría a la práctica, que nunca está exento de tropiezos. A continuación sigue el control, una vez terminado el trabajo. Más allá de la calidad de atención del estudiante y del grado de excelencia en la ejecución, es preciso evaluar si rindió sus frutos y, eventualmente, analizar los motivos. A partir de ese momento hace falta mantener una mirada atenta aunque desde otra distancia, la supervisión. Cumplir de manera impecable una labor una vez no implica necesariamente que todas las veces se mantendrá ese rendimiento. Observar a cierta distancia el desempeño del aprendiz y considerar que todos estamos en permanente aprendizaje puede evitar futuras decepciones. Muchas veces, estas surgen de la cándida expectativa de que una vez asimilado un conocimiento, ya no hay motivos para la negligencia. No obstante, ese momentáneo abandono es tan característico del ser humano como su capacidad para autosuperarse. Cada semana, la instructora de Método DeRose Yael Barcesat comparte con los lectores de TuVerde pensamientos para poner en práctica y lograr una mejor calidad de vida. Como es costumbre, los invitamos a compartir pensamientos sobre estos textos abajo. Ediciones anteriores de Calidad de vida en práctica: Lo rico de seguir El principio de todo aprendizaje Una familia distinta
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