Calidad de vida en práctica: La labor que transforma
Mahatma Gandhi haciendo trabajo voluntario. Foto: Nosce.
El primer escalón en la relación maestro-discípulo oriental se denomina gurusêvá, el trabajo voluntario. En la actualidad, el Método DeRose rescata ese concepto que permite transformar la tarea más simple en una herramienta para la evolución del ser humano.
El trabajo tiene el poder de adormecer o de sacudir, de acuerdo con la actitud. Si uno entra en piloto automático al realizar una tarea cualquiera, su conciencia se aletarga y todo lo que podría resultar interesante o agradable pasa por completo desapercibido.
Si, por el contrario, hay una predisposición de disfrutar de la actividad, hasta el trabajo más repetitivo e insípido se vuelve fuente de disfrute e incluso, de autoconocimiento.
En el quehacer cotidiano hay una cantidad de ocupaciones diversas, en las cuales uno encuentra más o menos satisfacción, fruto de una preferencia a priori, relacionada con la naturaleza de esa tarea en particular. El poder de generar satisfacción o desagrado se coloca en manos de la labor en sí, y es habitual que se ignore por completo la capacidad que uno tiene de volver cualquier trabajo una fuente de experiencia, por lo tanto de conocimiento y, en consecuencia, de disfrute.
La actitud de quien emprende una actividad determina en gran parte su potencial de enriquecerlo, ya que su propia subjetividad impregna todo lo que percibe; el germen de la satisfacción o de su antítesis (1) está presente en su disposición inicial como una varita mágica que tiene el poder de convertir todo lo que toca, instantáneamente.
Al comprender que se posee esta capacidad y experimentarla, llevando a cabo la labor con una disposición conciente de extraer sustancia de cada instante y de cada pequeña acción, se conquista una libertad inesperada, que consiste en independizarse de la circunstancia más o menos fortuita de que la tarea satisfaga nuestra preferencia. En vez de seleccionar el trabajo en función de lo que a uno le gusta, se logra gustar de la tarea que a uno le toca en suerte independientemente de cuál sea.
Habitualmente se obtiene satisfacción sólo al final de un trabajo supuestamente tedioso, pero necesario para alcanzar una meta ulterior. Si la atención deja de estar en el trabajo objetivo y se centra en el poder subjetivo de la acción, que evidencia la capacidad de interactuar con el mundo y de dejar una marca constructiva en el entorno, hasta las tareas más contingentes adquieren un valor agregado: el de revelar a un tiempo conocimiento y energía, elementos imprescindibles para la evolución.
(1) El contentamiento y su antítesis, el descontentamiento, son independientes de las circunstancias generadoras. Surgen, crecen y rodean al individuo sólo debido a la existencia del germen de esos sentimientos en la esencia de la personalidad. Yôga Avanzado, DeRose.
Esta fue una nueva edición de la columna semanal Calidad de vida en práctica, realizada por la instructora Yael Barcesat. Como siempre, te invitamos a dejar comentarios y sugerencias en la sección de abajo. Más sobre el Método DeRose: MetodoDeRose.com.ar Otras ediciones de Calidad de vida en práctica: La naturaleza de la fuerza La respiración Paradigmas
Mohenjo-Daro, actualmente Pakistán. La mayor ciudad de la antigua Civilización del Valle del Indo (aprox. 2500 - 1750 a C), de estructura matriarcal. Ruinas de las casas de un barrio residencial, donde se distinguen excavados algunos pozos cilíndricos para el abastecimiento de agua. Fuente: fotoaleph.com.
En las sociedades matriarcales, la administración estaba en manos de la mujer, y los bienes pasaban de madres a hijas (1). Con el surgimiento del sistema de herencia patrilineal, se establece el matrimonio como la única vía de saber a qué hombre pertenece la descendencia; de ahí la atadura social de la mujer al hogar.
Sin embargo, estamos acostumbrados a aprender de la madre, a recibir de ella las instrucciones fundamentales para la supervivencia, desde el principio. Ese registro queda almacenado en la memoria subconsciente y continúa ejerciendo una influencia sobre nosotros, generando una mayor predisposición a recibir instrucciones de la mujer, a quien obedecemos sin conflicto.
Teniendo en cuenta lo anteriormente mencionado, ¿cómo llegamos a la sociedad patriarcal? El sistema patriarcal da prioridad a la colectividad (el estado, el ejército, la empresa) en detrimento del individuo. El matriarcal, da prioridad al individuo.
Justamente por esa diferencia el sistema patriarcal se impuso, porque contó con la fuerza de la colectividad. El matriarcal puede ser más amable para el ser humano, estar más en concordancia con su sensibilidad individual, pero perdió históricamente en favor de la fuerza (muchas veces bruta) del grupo.
En otro ámbito, la misma diferencia se nota a la hora de tomar las decisiones en una comunidad cualquiera. La democracia tal como la conocemos contempla una minoría descontenta, que se somete al deseo de la mayoría. En la democracia consensuada, que consiste en alcanzar el asentimiento de todos los que participan de la decisión, está la posibilidad de que la mayoría cambie de opinión gracias a un solo miembro que piense diferente. Obviamente, esta opción sólo es viable si hay una compartida voluntad de acuerdo y un soberano respeto por la opinión del otro, lo que probablemente aún está muy por encima de la media alcanzada por el género humano.
En el hogar, manda el hombre. En la nación, manda el estado. Y así continúan las cosas para la gran mayoría de las comunidades humanas…
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Nueva edición de la columna de la instructora Yael Barcesat, esta vez acerca de algo que parece simple pero puede ser mucho más complejo de lo que imaginamos: el gesto.
En esta nueva entrega de
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