Cine verde de ayer y hoy

Cine verde de ayer y de hoy: Soy leyenda, Francis Lawrence, 2007

Hace un año (¡¡un año ya!!) apareció el fantasma de la gripe A. Una mutación de la gripe porcina que afectaba a los humanos. Su rápida extensión y las primeras muertes llenaron las primeras páginas de los periódicos de todo el mundo. Una pandemia afectaba a la humanidad, ¡Sálvese quien pueda! Luego todo quedó en eso, primeras planas de periódicos. Un guionista lo hubiera contado mejor, y hubiera dejado a media humanidad en los cementerios, la otra a punto de irse para allí y a alguien vivo para que hubiera una historia…y para machacarle la vida, porque estar sólo en el mundo reconozcamos que no tiene que ser muy bonito. Este es el tema de Soy leyenda, película basada en la novela homónima de Richard Matheson. El doctor Robert Neville (Will Smith) es el único humano libre de un virus que ha convertido a la población del mundo en una especie de “vampiros” en el año 2012. Vive en compañía de su perra en Nueva York, una ciudad vacía y abandonada, llena de hierbas, ramas por el suelo, árboles crecidos en mitad de la calle y coches abandonados. Y mucho silencio. Algo denso, que se toca. Curiosamente soleada, llena de luz. La vida de Neville trascurre monótona: su casa, el laboratorio y las salidas para conseguir alimentos. Todos los días espera la respuesta de alguien no infectado a sus emisiones de radio. Espera hasta el momento estéril. Neville parece haber encontrado una cura derivada de su propia sangre pero tiene que probarla así que coloca una trampa y captura una mujer infectada. Neville trata a la mujer infectada sin éxito. Un día mientras conduce es atrapado en una trampa colocada por un hombre infectado; queda inconsciente y al despertar escucha la alarma de su reloj, que le indica que debe refugiarse antes de que se ponga el sol y los mutantes salgan a la calle. Al liberarse de la trampa, él y su perra son atacados por unos perros infectados, uno de los cuales muerde a Sam. La perra es infectada por la mordedura. Neville le inyecta a Sam un suero experimental, pero sigue mostrando signos de infección. Robert se ve obligado a matar a Sam. Neville, sólo y desesperado, quiere vengarse de los infectados atacándolos con su camioneta. Neville casi es asesinado por ellos, pero es rescatado por un Ana Montez (Alice Braga) y un joven llamado Ethan (Charlie Tahan), que han viajado desde Maryland después de escuchar uno de los mensajes de radio. Supervivientes, como él. La casa es sitiada por un grupo de infectados que ha seguido a Ana y Neville. Neville, Ana y Ethan se refugian en el laboratorio. Descubriendo que el último tratamiento ha sido un éxito, Neville se da cuenta que esa es la cura, por lo que entrega a Ana algo de la muestra, por lo que pueda ocurrir. La película cambia el final del libro…el cine es así. Y más cosas: Neville no es un alcohólico atormentado por la soledad que caza vápiros; estos vampiros se acercan más a los mutantes de Residente Evil que a la imagen de los vampiros que dio Matheson en su libro. Es menos agría. La primera parte es genial: la soledad, la ciudad, un ritmo pausado y a la vez palpitante. Los primeros planos de la ciudad desierta y los ciervos corriendo entre los coches está rodada con mucho oficio y mantiene en la película, esperando a ver que ha pasado allí. Y luego, cuando aparecen los mutantes por primera vez hay una tensión en las imágenes, en el tiempo que, desgraciadamente luego se pierde. Como si Lawrence tuviera prisa en acabar. Nos deja un poco con la sensación de que hay algo que no hemos entendido. Y Will Smith, con esa presencia tan potente (acompaña mucho un físico rotundo), se desdibuja hacia la mitad. Quizás tendría que haber dejado la moral a un lado y aparecer cómo un alcohólico desesperado. De eso adolece la cinta, de falta de desesperanza. Se lanza por la espiral de la moralina que tanto le gusta al cine de Hollywood. Y es fácil imaginar que si eres el único ser sobre la tierra, deberías estarlo. Ediciones anteriores de Cine verde de ayer y hoy: Cine verde de ayer y hoy: Un Lugar en el Mundo Babe, el cerdito valiente Godzilla (Cine bizarro y medio ambiente I)

Cine verde de ayer y hoy: Un Lugar en el Mundo

Tengo que reconocer que la vi vendida de antemano. Acababa de volver a Madrid desde Buenos Aires, y escuchar de nuevos acentos que estaban lejos, ya me servía. Después, buscando películas para esta sección me he tropezado con ella mil veces. En todas las listas de cine y medio ambiente, en todas las recomendaciones. Así que, me rindo de nuevo. Acerquémonos a “Un lugar en el mundo”. Adolfo Aristaraín se hizo conocido en España por esta película. Y Fernando Luppi también. Después rodaron juntos otras películas, pero ninguna caló tanto en el público como esta (aunque yo tengo debilidad por Lugares Comunes, porque en ella están presentes Mercedes Sanpietro y la Revolución Francesa). Un lugar en el mundo es una película que cuenta, en flashback, la infancia de Ernesto, hijo de ganaderos (de ovejas) que viven en la zona de la Patagonia argentina. La zona está gobernada por un cacique, Andrada, que está comprando las tierras a los ganaderos. La llegada de un geólogo contratado por el cacique pone en aviso a los habitantes del pueblo. Algo busca el señor, que ellos desconocen, y que no es del todo limpio, eso seguro. Y en medio, el amor adolescente (casi infantil) de Ernesto con la hija del capataz del cacique. Una chica analfabeta, educada sólo para trabajar, ir a misa y no cuestionar nada. Ernesto le enseña a leer, algo tan subversivo y peligroso que le acarrea no pocos problemas (no sé qué hay en aprender a leer de mayor que tanto conmueve). Escenas de la película Un lugar en el mundo. Contada a modo de western, narra la lucha de la gente con ideales, que lucha por mantener un trabajo honrado que a penas da para vivir contra los especuladores que se nos hace creíble y sincera gracias a la construcción de unos personajes, que sin huir de los estereotipos y los clichés tanto de género como ideológicos, resultan cercanos. Quieres que ganen los buenos... quizás sólo por una vez. Y algo de eso hay. Tiene escenas estupendas. Una en un hotel con Federico Luppi y Sacristán (que en España recuperamos de nuevo con esta película) borrachos como cubas... y un chiste absurdo. Y la descripción del paisaje con la voz de Sacristán en medio de los colores naranjas y amarillos de la tierra. Nunca la geología se acercó tanto a la poesía. Es una película sencilla, donde hay mucha ternura y cariño, tristeza y alegría, lírica y algo pretenciosa, para qué negarlo. Y en la que se dice: “dicen que lo importante es amar, no que te amen. Los que dicen eso son gilipollas". Qué bueno poder encontrar un lugar en el mundo, el nuestro, un lugar, pequeño y hermoso, donde estar.


Trailer de la película.


Cine verde de ayer y hoy es una columna periódica en la que Vanessa Garvin comenta películas relacionadas al medio ambiente y a valores humanos destacables.
Ediciones anteriores de Cine verde de ayer y hoy: Babe, el cerdito valiente Godzilla (Cine bizarro y medio ambiente I) Local Hero

Cine verde de ayer y hoy: Babe, el cerdito valiente

Escena de Babe, el cerdito valiente Buscando películas para niños (con eso de la llegada de las vacaciones de Navidad -¡¿Navidad, ya tan pronto?!-) me he reencontrado con Babe, el cerdito valiente. Una película que trata como pocas (las de adultos incluidas) lo difícil que es romper las convenciones sociales y oponerse a los estereotipos que nos aprisionan y dirigen nuestra vida. Esa es la historia de Babe, un cerdito que decide no resignarse a su destino predestinado (pasar por el matadero y convertirse en embutido) y convertirse en perro pastor. Bajo esta curiosa premisa se encierra sin duda una de las mejores películas infantiles de todos los tiempos Tras escapar de la granja de cerdos en la que se encontraba, Babe termina en manos del granjero Hoggett (James Cromwell) tras ganarlo en un concurso. Desde el primer momento Hoggett percibe que hay algo especial en ese cerdito y el tiempo terminará por darle la razón. Aunque el camino no será fácil para ninguno de los dos. Hoggett está convencido de que Babe puede hacer el trabajo de un perro pastor pero su mujer no le cree; Babe no es bien recibido por el perro pastor jefe que acaba poniéndose agresivo. Pero el tesón y, sobre todo, la confianza, harán posible el cambio. Póster promocional de Babe, el cerdito valiente La granja de Hoggett está llena de curiosos animales: desde aquellos que se dedican a seguir la senda de comportamiento que la tradición les ha marcado, (las ovejas, los perros pastores etc.), hasta aquellos que desafían al sistema: como el pato “Fernando” que todos los días asume la función del gallo adelantándose a él y encaramándose el tejado para cantar y despertar así al resto de la granja. Pero es que además Babe no es un héroe cualquiera. No lucha contra la sociedad que le rodea ni contra su destino con el uso de la violencia, de hecho ni siquiera discute con aquellos que tratan de hacer que vuelva en su empeño; todo lo logra con su sonrisa y la educación con la que trata al resto de habitantes de la granja. “Qué joven tan educado”, dirá una de las ovejas al conocer a Babe. Ovejas a las que los dos perros pastores de la granja tratan, tal y como es la forma típica de actuar de un perro pastor, a mordiscos y gritos. Babe es el contrapunto de esta forma de actuar. Con todas estas premisas Chris Noonan creó una maravillosa película, llena de luz y color, dónde los efectos especiales no se notan y nos ofrecen una recreación de la granja con un halo fantástico, marcado en las escenas de los recuerdos de los perros. Escena de Babe, el cerdito valiente Junto con los animales, los granjeros, Hoggett y su mujer (Magda Szubanski), forman una pareja llena de colorido con una interpretación por parte de Hoggett muy destacable. De hecho, el mismo fue nominado a mejor actor secundario por este papel. Su personaje es parco en palabras e incluso tiene un cierto estatismo, o quizá sólo sea la tranquilidad con la que se toma la vida. Con su mirada y expresión nos lo dice todo en este film. Es fantástico el momento del baile ante Babe para que el cerdo se ponga mejor. Tan alto y espigado es el contrapunto perfecto para su regordeta y charlatana mujer. Una deliciosa película contada a modo de capítulos, introducidos por unos ratones de campo que cantan en falsete, llena de momentos espléndidos. Si la vida consiste en la posibilidad de crecer haciendo lo que a una le gusta, y no perder nunca la capacidad de hacer cosas nuevas y cambiar el mundo que nos rodea, este es el mejor ejemplo.
Trailer de Babe, el cerdito valiente:


Links: Babe, el cerdito valiente en IMDB (español) En Wikipedia

Cine verde de ayer y hoy: Godzilla (Cine bizarro y medio ambiente I)

Godzilla versión 1998 Los monstruos en la pantalla existen desde el inicio del cine: vampiros como Nosferatu, Frankestein (¡la primera versión por favor!) y animales fantásticos como hormigas gigantes, dinosaurios, etc. Pero con la invención de la bomba atómica y las pruebas militares realizadas en atolones perdidos y deshabitados ("Qué bien que Europa está en el medio de todo y está poblada", han debido pensar los militares de ese continente) nacieron películas en las que los animales mutaban por culpa de la radiactividad. La más famosa sin duda es Godzilla: mito del cine japonés de los '50s, reversionada por Hollywood 40 años después en un film en el que el dragón mutante destrozaba Nueva York. Godzilla fue creado por Ishiro Honda en 1954 y fue concebido como una metáfora de la hecatombe nuclear que había sufrido Japón en 1945 tras el lanzamiento de la bomba atómica por parte de los norteamericanos. Las consecuencias sobre la población, los cultivos y las aguas del país nipón se 'metamorfoseaban' en un dragón mutante que quería destruir la ciudad y a sus habitantes. A esta primera película le siguieron 28 más, todas con una estética de serie B, marca de la casa Toho y que hizo de las aventuras del dragón todo un ícono de la cultura Japonesa del siglo XX. Trailer de la versión de 1954. La versión estadounidense de Godzilla (1998) se hizo después de las pruebas nucleares en la Polinesia Francesa y tras el desastre de Chernobyl, con sus nefastas consecuencias. Al principio de la película, un barco pesquero es atacado por algo enorme cerca de las costas polinesias. Sólo hay un sobreviviente que no para de repetir un nombre "Godzilla, Godzilla”. Inmediatamente después, la acción se traslada a Rusia, dónde un científico (Mathew Broderick) está estudiando la mutación de las lombrices en la zona del desastre de la factoría nuclear. El ejército americano va a buscarle para que les ayude a investigar la desaparición de los barcos en el atolón polinesio. Cuando llega, se encuentra con una huella enorme de un ¿dinosaurio? ¿iguana? ¿dragón? No sabe qué es, pero sabe que es enorme... y que está camino de Nueva York. El cientifico, modosito, apocado se ve inmerso en plena cacería del dragón mutante que destroza Nueva York a golpe de zarpazo y movimientos de cola. Trailer de la versión de 1998. Pero es que además el gobierno francés (único culpable de que las iguanas de polinesia se hayan convertido en grandes saurios con poderes espectaculares) quiere también atrapar al monstruo (probablemente para lavar su conciencia) y ha mandado a un equipo de 'marines franceses' a la zona, encabezado por Jean Renó. Siempre fantástico, de gesto serio pero de irónica sonrisa, es el contrapeso de Borderick, que quiere salvar al monstruo y que culpa a los humanos de lo que ha ocurrido. Sólo hay que ver la escena final para entender que el científico no entiende nada. El resto: historia de amor (¿quién no querría enamorarse en medio de la persecución de un bicho gigante?), escenas de acción rodadas de manera espléndida (rozando el video juego) y unos personajes alejados de los estereotipos de descerebrados 'bicho muere' y que se plantean si lo que están haciendo está bien o mal, además de que quizá deberíamos tener más cuidado con lo que hacemos. No es Bergman... pero, sinceramente, el cine bizarro no le echa de menos.
Más sobre Godzilla: Godzilla (personaje) Gojira (versión de 1954) Godzilla (1998)

Cine verde de ayer y hoy: Local Hero

Imagen del póster promocional de Local Hero A veces no es necesario realizar una gran película para hacer una obra llena de encanto y alegría, aunque sea acerca de un tema tan serio como la construcción de una refinería y la desaparición de un pueblo. Hill Forsyth dirigió en 1983 a Burt Lancaster en una de sus últimas apariciones en la pantalla. El actor, ya mayor, seguía ofreciendo una imagen muy intensa en la pantalla: sabía moverse, mirar y hablar (su mirada espiando a Susan Sarandon en Atlantic City es inolvidable). Comedido en los gestos, hace una pequeña aparición en una película de happy ending y sabor dulce. Hasta un idílico pueblo costero escocés es enviado Macintyre (Peter Riegert), asesor de compañía petrolífera para que negocie la compra de todas las propiedades de la zona para construir una refinería. Los habitantes del pueblo ven una oportunidad para enriquecerse y no dudan en vender sus propiedades, pero la obstinación del viejo Ben (Fulton Mackay), propietario de una playa, impide el trato, echando por tierra las expectativas del pueblo. Mac sólo puede ofrecerle dinero y la playa es todo lo que Ben ambiciona; es su vida y no necesita ni quiere más. A Macintyre no le queda otra que esperar en el pueblo hasta que el viejo Ben cambie de opinión. Mientras tanto, el recién llegado se sumerge en un modo de vida que se mueve a un ritmo pausado, donde el paisaje y la comunidad lo envuelven en sus lazos. Tanto que a su jefe, Burt Lancaster, no le queda otra que ir a rescatarle (es decir, ir a buscarle para cerrar el trato).
Trailer de la película:
El viejo Ben encarna el sentimiento de apego a la tierra, esa manera peculiar en la que el paisaje y lo que ven nuestros ojos cada mañana modela nuestra manera de ver el mundo y de construir las relaciones sociales. Fotograma a fotograma se nos muestra el peculiar ritmo de las comunidades rurales que nos envuelve, ayudado por la estupenda música de Mark Knopfler. Y en medio de todo eso, aparece Burt Lancaster: serio, trajeado y sólo con dinero en el bolsillo. Una de las secuencias clave transcurre durante una fiesta local. La combinación de música, baile, alcohol y camaradería (¿por qué quedan tan bien en pantalla los pub irlandeses? ¿por qué nos da tanta envidia no poder estar allí?) crea una situación en la que se retrata toda la intensidad de la vida. Una película de personajes rurales, unos tipos y mujeres sencillos con necesidades simples: buena y abundante comida para el viejo Ben, la prosperidad y frecuente sexo para el polivalente tabernero Gordon Urquhart y su mujer Stella, o el reencuentro entre Victor Pinockin (un marinero ruso) con el pueblo, sus inversiones y los brazos de su mujer escocesa. A ellos hay que añadir otros personajes: la tierra, el mar, el cielo, que lo impregnan todo, llenando la pantalla de luz, verde y azul. Creo que voy a viajar a Irlanda en las próximas vacaciones… O, cuanto menos, a celebrar las navidades en un pub irlandés cerca de la Plaza Mayor*.

(*) La autora reside en la ciudad de Madrid.


Esta fue una nueva edición de la serie Cine verde de ayer y hoy, donde Vanessa Garvin comenta películas relacionadas al medio ambiente y a valores humanos destacables.
Más cine con conciencia ambiental: El inglés que subió una colina y bajó una montaña Hijos de los hombres La princesa Mononoke

Cine verde de ayer y hoy: El inglés que subió una colina y bajó una montaña

Escena de El inglés que subió una colina y bajó una montaña Imágenes: Miramax. Creo que era la segunda o tercera vez que veía a Hugh Grant en la pantalla. Estaba lejos de convertirse en el personaje festero y gamberro de sus últimas películas. Aquí todavía estaba modoso, era capaz de perder los nervios sin gritar (y así ponernos de los nervios a nosotros). Inspirada en hechos reales, El inglés que subió una colina y bajó una montaña narra la historia de dos cartógrafos que en 1917 llegan a un pequeño pueblo de Gales enviados por el Instituto Geográfico para hacer un nuevo mapa de la región. Los habitantes del pueblo se sienten muy orgullosos de su montaña, la primera montaña de Gales. Al realizar las mediciones pertinentes, los cartógrafos (Hugh Grant como Reginald Anson) informan que su montaña no es tal, sino que es una colina, por lo tanto en el nuevo mapa van a llamarla así. Esto provoca un revuelo en el pueblo. Tanto es así que quieren impedir que los cartógrafos se marchen y den los datos al instituto de su graciosa majestad. Solución: les roban las piezas del coche cada noche. Y, además, se proponen que la colina sea una montaña: echarán tierra hasta que consigan los 15 pies que faltan. Escena de El inglés que subió una colina y bajó una montaña A partir de este momento, todo el pueblo (menos el tabernero Morgan el Cabra -Colm Meaney-, enemistado con el párroco del pueblo Jones -Kenneth Griffith-) trabaja en su montaña con la complicidad de Reginald y el estupor de su jefe. El personaje de Morgan el Cabra es el único con los pies en la tierra: gruñón, descreído, habla a los gritos y su mayor entretnimiento es discutir con el párroco que lo soporta como puede (no siempre). Con este simple argumento, El inglés que subió una colina y bajó una montaña es una película dulce que aboga por el esfuerzo común: por trabajar en algo en lo que se cree más allá de las limitaciones que te imponen desde fuera. Quizás algunos de nuestros dirigentes mundiales deberían ver esta película antes de dictar normas ridículas. El esfuerzo de todos, aquí si, mueve montañas.
Un fragmento del comienzo de la película (en español):
Esta fue una nueva edición de la serie Cine verde de ayer y hoy, donde Vanessa Garvin comenta películas relacionadas al medio ambiente y a valores humanos destacables.
Más sobre la película: IMDB (en español) Más películas relacionadas al medio ambiente: Los últimos días del edén Las aventuras de Jeremiah Johnson Los espigadores y la espigadora
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