
Fotos: TerraCycle.mx
Teniendo en cuenta que en la naturaleza la basura no existe y que todos los materiales pueden ser reutilizados o reciclados, en el 2001 surgió TerraCycle de la mano de un alumno de la Universidad de Princeton, Estados Unidos. Lo que comenzó como una compañía de fertilizante orgánico, hoy representa un ambicioso emprendimiento en el que participan alrededor de 12 millones de personas de diferentes países para que sea posible realizar productos ambientalmente amigables y económicos a partir de desechos.
Después de que esta compañía recibiera el apoyo de grandes empresas y se expandiera con gran éxito en Estados Unidos, Canadá y Brasil, en enero de 2010 llegó a México para involucrar a los ciudadanos en el reciclaje y demostrarles que la conservación del planeta también está en sus manos.
En un país en el que la basura representa uno de los principales problemas ambientales, hoy TerraCycle cuenta con más de 300 equipos y alrededor de 17 mil personas que se encargan de recolectar sobres usados de bebidas en polvo para que luego se conformen con ellos novedosos y prácticos productos.
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Foto: Boca Juniors.
Como ya te contamos, durante el pasado mundial de fútbol que se realizó en Sudáfrica, varios fueron los seleccionados nacionales que utilizaron camisetas de la marca Nike hechas con materiales reciclados. Este fue el caso de los equipos que representaron a países como Brasil, Holanda, Portugal, Estados Unidos, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, Servia y Eslovenia.
En esta oportunidad, la marca deportiva presentó la primera camiseta fabricada enteramente con materiales reciclados en la Argentina. Se trata de la nueva casaca que usará el Club Atlético Boca Juniors durante el torneo Apertura de este año, la cual fue confeccionada en su totalidad mediante poliéster reciclado de botellas de plástico usadas.
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Fotos:Espacio cultural de cine y artes visuales, A.C.
Del 30 de julio al 30 de agosto podrá ser visitada en el Espacio Cultural de Cine y Artes Visuales A.C de la Ciudad de Puebla, México, una serie de fotografías, poesías, documentos y videos unidos por la antropóloga francesa Marjorie Blanc, para formar su muestra artística Poesía desechable.
Mediante 28 imágenes, diversos textos y presentaciones audiovisuales, Blanc pretende llamar la atención de los ciudadanos, invitándolos a reflexionar sobre el medio ambiente en general y la contaminación de la ciudad en particular, denunciando mediante cada pieza la gran cantidad de desechos que los habitantes de Puebla depositan en las calles.
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Fotos: Treehugger.
Se estima que año tras año se arrojan al mar más de 10 millones de toneladas de desperdicios plásticos. Según explica el sitio Nuestro Clima, la mayoría de ellos son movidos por las corrientes oceánicas hacia una zona del Pacífico Norte hoy conocida como vortex del Pacífico, donde se encuentra una enorme isla flotante de basura que contamina las aguas y produce la muerte de miles de animales que al alimentarse ingieren pequeños trozos de plástico.
Ante este alarmante panorama, la firma de arquitectura WHIM presentó un proyecto que pretende reciclar parte de esta enorme isla de basura altamente contaminante para formar así una nueva: la Isla Reciclada.
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¿En dónde estará en 50 ó 100 años esta bolsa plástica? Por desgracia, cuando nosotros seamos adultos, ancianos o ya no estemos pisando este suelo, esa misma bolsa estará prácticamente igual, con escasa degradación e incluso contaminando, si tenemos en cuenta los 1.000 años que le toma desaparecer por completo de la faz de la Tierra.
El tema de las bolsas plásticas no es novedad y no sólo ha despertado preocupación sino también iniciativas innovadoras como No Uso Bolsas Plásticas o Billion Bag Challenge. Pero la problemática es mucho más compleja que lo que se pueda conseguir con campañas publicitarias creativas: se trata de un cambio de hábito y cultural que involucra a los gobiernos, las empresas y los ciudadanos. Aun mediando un compromiso personal para utilizar bolsas reusables es inevitable la acumulación de cierto número de bolsas y envases plásticos que son prácticamente impuestos a la hora de adquirir desde lo más grande a lo más pequeño. En un año una familia tipo puede usar 1.000 bolsas de plástico que rápidamente se convierten en desechos conflictivos.
La nota de la semana lanza el debate sobre si las bolsas de este tipo deberían ser prohibidas. En los Estados Unidos hay un movimiento creciente que busca reducir el uso de bolsas en muchos casos mediante leyes prohibitivas como ocurrió en comunidades de San Francisco y Carolina del Norte. En California, por ejemplo, Julia Brownley hace política para conseguir que no sólo se eliminen las bolsas plásticas sino que se imponga un recargo de 0.05 centavos de dólar por bolsas de papel. “No sólo están en las playas… Están en los árboles, atrapadas en rejas, en bocas de tormenta”, sostiene ella.
Otros se oponen bajo el argumento de que no se puede imposibilitar que los consumidores elijan su propio método de empaque y mucho menos con cargas monetarias.
¿Es correcto penalizar el libre uso de materiales contaminantes y que tardan tanto tiempo en degradarse? ¿Sería más apropiado que los comercios e industrias se encargaran de generar otro tipo de envases y bolsas? ¿Qué responsabilidad nos cabe como ciudadanos? ¿Qué hacemos con las malditas bolsas plásticas?

Es cierto que las noticias del derrame de petróleo en el Golfo de México han taponado todos los medios, esparciéndose tanto y con tanta preocupación como la mancha pegajosa. Pero las noticias ambientales más votadas en Digg a veces nos deparan frescas sorpresas como la primera prohibición de venta de agua embotellada en la ciudad de Concord, Massachussetts en Estados Unidos. La votación ocurrió la semana pasada y esta nueva legislación entraría en vigencia a partir del próximo enero con las potenciales felices consecuencias de liberar a la ciudad de buena parte de sus desechos de plástico inútil.
Es curioso que el esfuerzo haya sido liderado por Jean Hill, una activista de 82 años que movilizó a vecinos y gobernantes acerca de las consecuencias de atestar los basureros, las calles y los océanos de plástico para proveerse de agua que también sale de las canillas.
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